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Que no se te congele el alma

La Razón
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El frío. ¿Qué otra cosa cabe esperar en invierno? Congelada la esperanza, a este paso se nos congelará el alma. El calor del corazón no debería faltar nunca, pues es el que nos libra de morir congelados por inanición emocional y espiritual. Por consiguiente, ¿andará Gaia, o sea, la Tierra, falta de amor? Existe la teoría de que «ella» es un ser viviente que refleja el estado emocional de sus criaturas (nosotros). De hecho, tanto la carencia de afecto como las actitudes derrotistas y negativas destrozan las defensas del organismo. Los virus no suelen alcanzar a una persona positiva, animosa y con los bolsillos de su alma llenos de coraje. Los médicos naturópatas opinan que los resfriados no son tales si no procesos de limpieza del organismo. Cuando la psique se llena de porquería existencial en forma de emociones revueltas, creencias apestosas, traumas no resueltos, «gente que vive en el cabeza de uno sin pagar alquiler», y un sin fín de «basura emocional», deberíamos «hacer limpieza» antes de que se nos contamine el alma y nos eche a perder las defensas. Personalmente considero, que a parte de que en invierno toca frío, actualmente hay muchas personas cuya alma está congelada. Nos falta solidaridad, compasión. Nos sobra egoísmo y frialdad. El dinero es frío, el amor es cálido. Refleje o no este frío polar nuestro estado anímico, pongamos un poco de calor y de equilibrio en nuestras vidas y repartamos mantas de cariño. Y, si el frío nos impide salir de casa, encendamos hogueras de alegría y chispas de risas hadadas. Por supuesto, no sólo del calor del amor vive la humanidad, pero sin él la vida se queda fría. Se nos pueden congelar las cañerías pero nunca el alma.