Barberá sólo devolverá al Estado ocho millones si le dejan explotar la dársena

Hay ideas y voluntad, falta entendimiento. A la espera de que decidan su futuro, la dársena languidece.

Rita Barberá y Gerardo Camps,  antes de su comparecencia ante los medios
Rita Barberá y Gerardo Camps, antes de su comparecencia ante los medios

VALENCIA-El Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat desempolvaron ayer el contrato suscrito con el Gobierno central para la Copa América de 2007 para justificar su negativa a devolver al Estado ocho millones de los 320 del crédito pendiente. Argumentan que el acuerdo al que se llegó entonces, condicionaba la devolución a la explotación de la marina. Si se obtenían beneficios de alquilar, vender u organizar eventos en la dársena, éstos servirían para hacer frente a los pagos de las cuotas hasta saldar la deuda. De no llegarse al importe que satisficiera tal punto, sería el Gobierno el que asumiría el pago. «Pero no hay explotación, no hay beneficios y, por lo tanto, no hay por qué reembolsar el préstamo. El Ayuntamiento ha tenido guardados los ocho millones durante meses, pero ahora los destinaré a otras necesidades de la ciudad», explicaba ayer la alcaldesa Rita Barberá.

Nadie al teléfono
No obstante, la decisión de las Administraciones valencianas podría traer consecuencias y enfriar aún más la relación que existe con Elena Salgado, que dirige el Ministerio de Economía entre cuyas competencias se encuentra este asunto. «Si no nos cogen ni siquiera el teléfono, ni nos hacen caso, que deleguen en el Ministerio de Fomento, y si no, que nos dejen hacer a nosotros». Y es que la relación que mantiene Barberá con el titular del Departamento de obras públicas, José Blanco, es, con diferencia, mucho más cordial que la que mantiene con la vicepresidenta segunda, de la que dijo, «no se pone al teléfono» para tratar un asunto de tal peso para la ciudad.
Porque Barberá dice tener un ambicioso plan para rentabilizar la marina que tantas alegrías le dio hace tres años. Lo primero, dar servicio al cliente del turismo náutico, es decir, poder sacar beneficios de la venta de amarres -incluidos megayates- y levantar un área comercial de hostelería, una lavandería, tiendas de aparejos, duchas y aseos, una escuela de vela, oficinas de alquiler de vehículos, un helipuerto y un club de yates que cubran las expectativas de los que amarran sus embarcaciones en estas aguas. Se trata, dijo, de crear un espacio compatible con la celebración de grandes eventos. «Una marina sostenible, moderna y activa» que permita la creación de puestos de trabajo.


Tiempo de beneficios
«Que al menos no molesten y nos dejen hacer», declaró el vicepresidente segundo y conseller de Economía, Gerardo Camps tras alegar que, en los últimos años, la Generalitat ha invertido en la zona de la fachada marítima 32 millones en infraestructuras. Si a esto se suman los beneficios que se obtienen del Gran Premio de Fórmula Uno, se justifica que ahora sea tiempo de recoger los frutos sembrados.