La gran final de «La Rojita»

El filial de «La Roja», dirigido por Luis Milla, se enfrenta a Suiza, el adversario invicto, por la hegemonía europea de los Sub'21

Los jugadores de la Selección española Sub-21 se ejercitan en el último entrenamiento antes de enfrentarse hoy a Suiza
Los jugadores de la Selección española Sub-21 se ejercitan en el último entrenamiento antes de enfrentarse hoy a Suiza

El primer partido del Mundial de Suráfrica, hace poco más de un año, iba a ser el comienzo del paseo triunfal de «La Roja» hasta el Olimpo... Suiza puso la zancadilla; España tembló. El traspié no afectó a Del Bosque, convencido del potencial del equipo, y el 14 de julio alzó la Copa Jules Rimet. Fue un hito. Sin embargo, aquel susto podría prolongarse en la noche de hoy si «La Rojita» perdiera su quinta final de la Copa de Europa Sub'21, ésta, contra los helvéticos, rivales incómodos.

Llegó la hora de la venganza, empresa harto complicada. El filial de «La Roja» es un equipo compacto al que Luis Milla ha aplicado los patrones superiores y el resultado ha sido óptimo. Hay talento y fútbol. Las estadísticas no engañan y los números españoles son de campeón; también los suizos. Éstos llegan a la final en Aarhus (Dinamarca) sin encajar un gol en cuatro partidos y con cuatro victorias. Los españoles tampoco han perdido, pero empataron con Inglaterra y necesitaron la prórroga para superar a Bielorrusia en la semifinal.

Los suizos tienen cuatro campeones del Mundo Sub'17: el portero, Siegrist, y Kasami, Xhaka y Ben Kalifa. Son valientes, se manejan bien con la pelota. No van a acomplejarse ante el elenco español, con figuras en todas las líneas, dos campeones del mundo absolutos, Javi Martínez y Mata, y una pléyade de jóvenes, encabezada por Thiago, que deslumbra.

España, que ha jugado cuatro finales Sub'21 y ha ganado dos (1986 y 1998), quiere acercarse a Italia, con cinco títulos. Mas ha de guardarse de los suizos para que no la sorprendan. «No sé ni cómo me han marcado el gol», intentaba explicar David de Gea después del partido contra Bielorrusia. Una jugada aislada, una casualidad, estuvo a punto de apartar a «La Rojita» de la final que merecía su juego. Es el riesgo de un equipo que toca y toca en campo contrario y convierte a los defensas en simples espectadores.

Por eso, Domínguez nota el cambio. No es lo mismo jugar en el Atlético que con los «aprendices» de campeones del mundo. «El juego de la Selección es más combinativo, los sistemas son diferentes y hay que adaptarse», reconoce. «Es un juego muy exigente para los centrales», admite. «Pero el Atleti también», afirma después.

El dominio absoluto que ejerce España sobre el juego obliga a los de atrás a estar muy concentrados. Un despiste puede ser definitivo, como estuvo a punto de demostrar Bielorrusia. «Hay que ayudar para que los de arriba puedan jugar a su aire», admite Domínguez. Eso significa sacrificarse para que brillen otros. Porque los que aparecen en las fotos de los goles encajados son los defensas. Y a veces el partido no les ofrece una oportunidad de redimirse. El fútbol puso a la Selección en su sitio, en la final, con la primera misión cumplida. «El objetivo de España es siempre ganar las competiciones, aunque los Juegos ya son una bonita recompensa», admite Domínguez.