Una niña de 6 años recibe 50 puntos al ser atacada por un rottweiler en plena calle

Una niña de Alicante de 6 años ha recibido 50 puntos de sutura en la cabeza tras ser atacada en plena calle por un perro de la raza rottweiler, han informado fuentes conocedoras del caso.

Una niña de 6 años recibe 50 puntos al ser atacada por un rottweiler en plena calle
Una niña de 6 años recibe 50 puntos al ser atacada por un rottweiler en plena calle

Misma situación, pero, afortunadamente, distinto final. El 16 de mayo, en una finca de Pontevedra, un niño de dos años murió por las mordeduras de un pit bull, cuyo dueño no aplicó las condiciones de seguridad debidas. Y este martes, en Alicante, una niña de seis resultó herida grave tras ser mordida en cabeza y extremidades por un rottweiler, mientras que su hermana, de 21 meses, fue atacada por otro.

Los hechos ocurrieron a las 19:00 horas, cuando las niñas paseaban con su padre, José Pérez, por el barrio de Rabasa. Tras bajar la familia de un coche, los perros, «muy grandes y sin bozal, salieron de golpe» de una vivienda y se abalanzaron contra las menores. Cuando uno atacó a la niña más pequeña, al padre le dio tiempo a abrirle la boca y sacar de dentro su cabeza. Sin embargo, el otro se abalanzó sobre la mayor y, segundos después, pudo liberarla de la boca del perro. «Ocurrió en segundos», dijo. La niña mayor recibió 50 puntos en la cabeza, aunque ya «está bastante alegre». El padre denunciará los hechos porque «la dueña no tenía licencia» para cuidar estos perros.

Las protectoras de animales, como El Refugio, aseguran que la normativa de tenencia para perros potencialmente peligrosos es «mala y precipitada». «No se aplica correctamente y no hay un control de estos animales ni de los criaderos. Y aunque exija tener una licencia, el que no la tiene puede campar a sus anchas», dice Nacho Paunero, de El Refugio. Entre otras cosas, la licencia exige «disponer de capacidad física y psicológica para poseer estos perros», a través de unos tests «bastante lights». Matilde Cubillo, de Justicia Animal, cree que «nadie controla en qué condiciones viven estos animales. Estar encadenados los vuelve más agresivos y sufren desequilibrios».