La Pasión según la DGT

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Ahí nos las den todas. Es el pensamiento alentador de los sufridos conductores inmersos en la peregrinación automovilística de Semana Santa por las carreteras españolas en busca de sol y descanso que, por lo que vengo oyendo al magnífico Roberto Brasero, no vamos a ver ni por asomo. Nos las van a dar todas en las carreteras, dónde no sólo nos esperan importantes y desesperantes retenciones de tráfico, sino miles de obras, que bien podrían acometerse en otro momento del año, ya que ninguna persigue acabar con ningún punto negro, y su consecuente maquinaria pesada que dificultará aún más la procesión automovilística.
También nos las darán todas en nuestros bolsillos gracias a la fuerte subida de la gasolina y a la inutilidad del ridículo 110 sembrado en las autopistas españolas para mofa de los alemanes (entre otros muchos), que en lo que va de periodo experimental se ha cobrado las mismas o más víctimas mortales que el defenestrado 120, y que ha encarecido, para alegría de los de siempre, el coste del trayecto, amén de las multas que recaudan millones de euros para las arcas públicas.
Pero lamentablemente donde nos las seguirán dando y, lo que es peor, donde se la darán muchos, será a lo largo y ancho del extenso mapa de puntos negros que brotan a toda velocidad por nuestras carreteras, como el tristemente famoso indicador de la entrada a Altafulla, en Tarragona, que lleva camino de convertirse en mausoleo, y que burdamente ignora la DGT y su director. El exceso de velocidad se lleva infinidad de vidas pero los puntos negros y la pésima señalización de las vías de tráfico también lo hacen. Y de estos últimos están nuestras carreteras repletas. También en Semana Santa.