Beirut

El Papa pide a los países árabes una solución para Siria

Benedicto XVI se despide de Líbano con una misa que congregó a más de 350.000 personas

Las banderas libanesas ondearon al paso de la comitiva del Santo Padre en la explanada situada frente al puerto de Beirut
Las banderas libanesas ondearon al paso de la comitiva del Santo Padre en la explanada situada frente al puerto de Beirutlarazon

LÍBANO- El Papa culminó ayer su visita a Líbano apelando a la comunidad internacional, y en particular a los países árabes, a que se impliquen en la consecución de la paz en Siria ofreciendo «soluciones viables» al conflicto que devasta esta nación árabe desde marzo de 2011. «Imploremos el don de la paz para los habitantes de Siria y los países vecinos», pidió Benedicto XVI ante las más de 350.000 personas que participaron en la misa que presidió en la explanada frente al puerto del centro de Beirut.

Durante el rezo del Ángelus, el Pontífice reprobó que «el ruido de las armas continúe escuchándose, así como el grito de las viudas y de los huérfanos». Son precisamente las mujeres y los niños, lamentó, «las primeras víctimas» de la violencia y del odio.

Haciendo una síntesis de sus continuos mensajes a favor de la paz durante sus tres días de estancia en Líbano, insistió en que ésta sólo se construye cuando se deja de ver al prójimo «como un mal que hay que eliminar». Se logra respetando «la dignidad de toda persona humana, sus derechos y su religión». En su última mención a Siria antes de volver a Roma, deseó que Dios conceda a este país y a Oriente Medio «el don de la paz de los corazones, el silencio de las armas y el cese de toda violencia. «Que los hombres entiendan que todos son hermanos», auguró.

En la multitudinaria misa participaron las autoridades políticas y religiosas de Líbano, encabezadas por el jefe de Estado, el general Michel Sleiman, maronita, quien ha acompañado al Papa durante todo el viaje. Había también cientos de miembros de la diáspora libanesa y cristianos venidos del resto de países de Oriente Medio.

Servidores de la paz

A los habitantes de esta convulsa región, el Papa les deseó que se conviertan en «servidores de la paz y la reconciliación, para que todos puedan vivir pacíficamente y con dignidad». En esta labor, los cristianos árabes están llamados a dar, aseguró, «un testimonio especial».
Desde un escenario cuyo fondo era un gigantesco cedro, símbolo nacional de Líbano –y reproducido en las banderas que ondeaban al paso de la comitiva–, al terminar la misa Benedicto XVI pidió al arzobispo Nikola Eterovic, secretario general del sínodo de los obispos, que entregase a los patriarcas y al episcopado de la Iglesia oriental la exhortación postsinodal «Iglesia en Oriente Medio». Este documento marca el camino a seguir a los cristianos de la región.

Louis Sako, arzobispo de Kirkuk (Irak), dio una muestra de la emoción y las esperanzas que ha provocado la visita del Papa en las Iglesias orientales. Cuando saludó al Pontífice tras recibir la exhortación, monseñor Sako se dirigió al Santo Padre para decirle que, con este viaje, «comienza una primavera para los cristianos de Oriente Medio». El Pontífice le respondió: «Ojalá que sea así».

La Eucaristía se celebró siguiendo la rica y milenaria liturgia de las Iglesias orientales. Frente a un mar calmo y bajo un potente sol, la multitud se sobrecogió durante la lectura cantada del Evangelio en árabe. De hecho, el tono y la musicalidad recordaban a los almuédanos más virtuosos, pero en lugar de Alá, en la explanada resonaba la palabra «Misihi», que significa Mesías, el término preferido por los árabes para referirse a Cristo.

De la misión de paz a la misa del Santo Padre
José Francisco, Juan Antonio y otros dieciocho militares españoles destinados en Líbano, dentro de la misión de Naciones Unidas, no podían imaginar que durante su estancia en el país árabe iban a tener la oportunidad de participar en una misa presidida por el Papa. «Somos unos afortunados. Esto es un regalo de Dios. Estamos viviendo una experiencia extraordinaria», contaba Juan Antonio, de 26 años y natural de Ceuta.

Junto a sus compañeros, ondeaba orgulloso una bandera española en medio de la gigantesca explanada frente al mar situada en el centro de Beirut donde se celebró la Eucaristía. «Hemos venido con los miembros de una parroquia maronita de Marjayoun, donde está nuestra base. Colaboramos con ellos realizando proyectos de desarrollo y de caridad. También contamos con un programa educativo para enseñarles español. Hemos establecido una relación muy buena, hace poco un grupo de ellos ha visitado nuestro país», explicaba José Francisco, murciano de 37 años. A su lado, Mariam, una de las libanesas maronitas que acompañaban a los militares españoles, comentaba que estaban «encantados» de haber acudido todos juntos a la misa .
Juan Antonio y José Francisco señalaban que la convivencia entre las distintas comunidades religiosas libanesas es «muy buena» en la zona del sur del país, donde desarrollan su misión. «Hoy se respetan entre ellos e incluso se apoyan. Estamos viviendo un momento de paz y estabilidad que esperemos que dure», decía el militar murciano. Su compañero destacaba la ilusión de los libaneses ante la visita del Papa, algo que «hacía falta», y la fuerte religiosidad de todas las personas. «Aquí la gente vive su fe muy intensamente y la hace presente en la sociedad, al contrario de lo que sucede muchas veces en España».

También estaba entre la multitud César González, miembro del Camino Neocatecumenal, y que había llegado a Beirut con un grupo de 220 caldeos, la principal comunidad cristiana iraquí.