Barcelona

Así se consagró el templo: de la entrega de llaves a la Bula

Gestos, símbolos y ritos que entran por los ojos, pero que buscan ir más allá. Éste era el fin de cada uno de los momentos que se vivieron ayer durante la consagración del templo de la Sagrada Familia, que pasó a ser un edificio más a una basílica en la que a partir de hoy se podrá celebrar la eucaristía con normalidad

Benedicto XVI consagra la «Sagrada Familia», la catedral del siglo XXI
Benedicto XVI consagra la «Sagrada Familia», la catedral del siglo XXIlarazon

Insertados dentro de la misa solemne, los asistentes siguieron con atención cada uno de los movimientos de Benedicto XVI, que se iniciaron con un primer gesto previo a la liturgia de la Palabra. El Papa recibía las llaves del templo del arquitecto de la Iglesia, Jordi Bonet Armengol, y se las entregaba a un sacerdote de la diócesis. Justo después, se iniciaba la eucaristía.

«Queridos hermanos, al dedicar a Dios nuestro Señor esta santa iglesia de la Sagrada Familia, supliquémosle que bendiga esta agua, criatura suya, con la cual seremos rociados en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y con la cual se purificarán los muros y el nuevo altar», dijo el Santo Padre, para proceder a rociar con agua bendita el altar y a los fieles. Tras la liturgia de la palabra y la homilía, se cantaron las letanías de los santos para pedirles la intercensión con la vista puesta en el futuro del templo.

Gremial

A continuación, Benedicto XVI se ha revestido con un gremial para ungir el centro y las cuatro esquinas del altar con el crisma –aceite que se utiliza para bautizados y confirmandos que se consagra en Jueves Santo y es signo de júbilo y de pertenecia a la Iglesia al evocar a Jesús, en el «Ungido del Padre»–. «Que el Señor santifique con su poder esta casa y este altar, que ungimos ejerciendo nuestro ministerio, para que manifiesten con un signo visible el misterio de Cristo y la Iglesia», ha orado el Papa en catalán. Mientras, el cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martinez Sistach, el cardenal cecretario de Estado, Tarcisio Bertone, y diez prelados catalanes han ungido los muros de la iglesia con la señal de la cruz.

Los acólitos se acercaron después un brasero para quemar el incienso y el Santo Padre ha incensado el altar. Tras él, seis diáconos recorrieron la nave incensando a los presentes, mientras el coro entonaba el salmo 137, como signo de agradecimiento y alabanza.
Falta otro de los gestos más llamativos. Las religiosas Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote –responsables de la sacristía al igual que en la catedral de Santiago de Compostela– han secado el altar y han colocado el mantel para poder continuar con la eucaristía. El último paso lo ha dado Benedicto XVI al entregar la luz del Cirio Pascual a doce seminaristas de la diócesis para que lo repartieran por todo el templo. «Que brille en la Iglesia la luz de Cristo, para que todos sus pueblos alcancen la plenitud de la verdad», oró el Santo Padre.

A partir de este momento se retomó la liturgia eucarística con las ofrendas, consagración, el Padrenuestro, el gesto de la paz y la Comunión. Sólo quedaban dos detalles para dar por concluida la consagración. El primero, la inauguración de la capilla del Santísimo tras la Comunión. El segundo llegaría de manos del arzobispo barcelonés, que leyó la Bula de Promulgación de la iglesia de la Sagrada Familia como basílica, esto es, como una iglesia de especial importancia dada su magnificencia, en imitación de las trece iglesias de Roma. Un aplauso cerró la ceremonia mientras el cardenal Sistach mostraba orgulloso el pergamino que recogía la buena nueva.