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La reconciliación cubana

La reconciliación cubana
La reconciliación cubanalarazon

La visita de Benedicto XVI a Cuba, como la de cualquier Pontífice a cualquier país, es pastoral. Su objetivo no es derribar tal o cual régimen político. Otra cosa es que el resultado termine por poner en la calle al dictador de turno. Y otra cosa también es que de las dictaduras de izquierda se salga con más dificultad que de las de derecha, según el beato Juan Pablo II. A los que no tengan esto en cuenta, les habrá sorprendido que el Pontífice no reciba a la disidencia cubana, disidencia que, por cierto, le está insultando de manera despiadada desde Miami. Pero es que la Iglesia tiene otros ritmos. También otro lenguaje. Por eso el Pontífice ha dicho con voz clara en la Cuba de los Castro que «cuando Dios es arrojado fuera, el mundo se convierte en un lugar inhóspito para el hombre», a la vez que citaba explícitamente «a los presos y a sus familiares» para manifestarles su apoyo. La misma voz que, en el avión que le llevaba a América, no dudó en afirmar que la ideología marxista «ya no corresponde con la realidad». Cuba, y son también palabras del Papa, mira ya al futuro, futuro que no será posible sin reconciliación. Ésa es la clave de la visita.