Montserrat Caballé operada de urgencia por Jesús Mariñas

Montserrat Caballé, operada de urgencia; por Jesús Mariñas
Montserrat Caballé, operada de urgencia; por Jesús Mariñas

En contra de lo previsto, ayer por la mañana Montserrat Caballé fue operada en la Clínica Teknon, donde estaba siguiendo un programa de rehabilitación. La soprano sufrió una rotura de húmero, consecuencia de caer tras el ictus leve –y sin secuelas– que sufrió en Siberia el pasado 17 de octubre en medio de una gira. Quisieron internarla allí, pero ella se negó. Viajó incómoda y se puso en manos del equipo médico que acostumbra a tratarla, los doctores Miguel Llobet, Miguel Savater y Jaime Pujadas. El primer pronóstico fue una rehabilitación sin intervención quirúrgica, pero finalmente ha sido imposible y anteayer resolvieron que tenía que entrar en quirófano para colocarle una placa de titanio. Lo hizo a las diez y salió a las 11.45, casi dos horas de operación con el mejor pronóstico. Tiene un organismo excepcional, como su garganta, y al despertar preguntó por su familia –Carlos, Montse y Monsita, los Bernabés y la entrañable Roser–, que, creyendo que tardaría más, habían bajado a tomar un café. La diva aún tendrá dolores fuertes durante tres días y luego retomará la rehabilitación.

Campanadas de boda
Y hablando ya de otro tema, de una boda sale otra boda. Mientras siguen despedazando la de Charisse y Julio José, suenan las campanas de lo que será el próximo acontecimiento social: Cristina Valls Taberner, ya rozando los cuarenta, por fin dará el «sí, quiero». La que fue una de nuestras solteras de oro, incesante objeto de deseo de algunos trepadores, por fin ha encontrado al hombre de su vida. Al parecer, está dispuesta a compartir su negocio de complementos Chris&Cris, dirigido por ella y por su guapa madre.

Todos continúan sacándole punta a lo que la boda de Julio José logró reunir, que decepcionó las expectativas de muchos. Allí destacó la distinción de Isabel Arrasti, madre de Isabel Preysler y abuela del clan, magníficamente conservada, mientras Preysler quedó un tanto descolgada bajo un traje de Manuel Motta. Conozco bien al diseñador, de cuando Nati Abascal lo llevaba de la mano a los desfiles parisinos de alta costura y lo colaban en los camerinos para que descubriera los secretos artesanales de los grandes coutouriers. Nati era una llave a la que no se le resistía ninguna puerta y él la seguía mansamente. Pero de poco le sirvió la experiencia a la vista de lo plasmado en la boda. «Al menos, Griñón tuvo el gesto de no asistir», exaltan en los corrillos de la «socialité» madrileña, en los que tampoco pasaron despercibidos el atuendo de Tamara, Chabeli y el cortísimo vestido de Ana Boyer. Mejor resultará sin duda lo de Cristina Valls con su maduro economista.