Bush ante el espejo

George W. Bush, el último presidente republicano, siempre se ha caracterizado por ser un líder político muy poco convencional. Directo y llano. Nunca ocultó que prefería su rancho de Crawford (Texas) a la residencia oficial de descanso de los presidentes de Estados Unidos de Camp David (Maryland)

Bush mira el retrato que le hizo Mark Carder y que cuelga en el club privado de Filadelia Union League

«Ya sé que hace mucho calor. Creo que hay 95 grados (Fahrenheit, que son 35 grados centígrados). Pero, estoy deseando llegar y estar con mis vacas y caballos», dijo hace cuatro años, como buen texano, este hombre de campo, justo antes de tomarse unos días de descanso durante el verano en su rancho.

La primera línea de sus esperadas memorias «Decision Points» la dedica a su etapa de bebedor impenitente, algo que nunca ha ocultado, rompiendo así con la corrección y falta de sinceridad que tiene el género memoralístico. Generalmente, los políticos estadounidenses arrancan con una fecha señalada. Su padre George H. W. Bush comienza así en «All the Best»: «Cuando Japón bombardeó Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, tenía diecisiete años…». En «My Life», Bill Clinton arranca con: «Nací en la mañana del 19 de agosto de 1946 bajo un claro cielo después de una violenta tormenta de verano…».

Pero Bush prefiere abordar directamente, sin evasivas, sus problemas con el alcohol en un primer capítulo que titula «Quitting» (Dejándolo). «Era una pregunta simple: ¿puedes recordar el último día en el que no bebiste?». De esta forma, el ex presidente republicano, al que en los últimos dos años sólo se ha visto en los partidos de béisbol de los Texas Rangers, vuelve a la escena pública mundial con este libro, cuya primera edición sacará a la venta un millón y medio de copias. La semana que viene hará entrevistas con los presentadores de las grandes cadenas de televisión e, incluso, visitará el plató de Oprah Winfrey, la gran estrella de la comunicación en la televisión de Estados Unidos.

«Decision Points» llegará a las librerías el próximo día 9, después de retrasar la fecha prevista de lanzamiento por claros motivos electorales: se ha evitado que su contenido pudiese ser utilizado por los demócratas en las elecciones de «mid-term» en contra de los republicanos. Riesgo quizá exagerado porque los conservadores han recuperado con holgura el control de la Cámara de Representantes y ganado peso en el Senado. Es la vuelta de los conservadores, que ya no tendrán que esconderse más en Washington. Ahora parece que estas memorias no sólo hubiesen perjudicado a los republicanos sino que pone un lazo a la gran victoria del martes en el Capitolio. En cambio, la casa editorial Crown, del grupo Random House, ha defendido que noviembre es un mejor momento comercial, ya que este mes es más propicio para la venta de libros. Al cierre de esta edición, el título ya ocupa el puesto 29 en la lista de más solicitados en la librería virtual www.amazon.com.

George W. Bush responde en catorce capítulos y epílogo a las críticas de su mala gestión del desastre del «Katrina». También trata la pérdida y recuperación de su fe durante los atentados del 11 de septiembre de 2002, su arrepentimiento por haber ordenado la retirada de las tropas de Irak demasiado pronto o la autorización del uso en los interrogatorios del «waterboarding» (técnica de asfixia tapando la cara con una toalla mientras se echa agua). Además, menciona su compromiso con el Papa Juan Pablo II de defender la vida (por sus políticas en contra del aborto y la investigación con células madre) o su confesión de la orden de derribar los aviones secuestrados el día de los atentados contra las Torres Gemelas, entre otros asuntos.

Huracán «Katrina»

«Como líder del Gobierno federal, debería haber reconocido las deficiencias más pronto e intervenido más rápido», dice el presidente republicano, según una filtración hecha al periódico «The New York Times». George W. Bush fue criticado muy duramente por su gestión tras el huracán que asoló Nueva Orleans durante el verano de 2005, donde perdieron la vida alrededor de 1.800 personas.

Irak
«Lamento no haber respondido más rápido y de forma más agresiva cuando la situación de seguridad empezó a deteriorarse tras la caída del régimen de Sadam. (…). El hacer descender el número de tropas tan rápidamente fue un importante fallo de ejecución durante la guerra», confiesa el presidente, que asegura que todavía se pone enfermo cuando piensa que no encontraron armas de destrucción masiva en este país. Todavía así, insiste en que «quitar a Sadam del poder fue la decisión correcta. A pesar de todas las dificultades que siguieron, América está más segura sin un dictador homicida que persigue hacerse con ADM (armas de destrucción masiva, por sus siglas en inglés) y respalda el terror en el corazón de Oriente Medio», argumenta Bush.

«Waterboarding»

Sobre la polémica técnica de «waterboarding» por parte de agentes de la CIA en Guantánamo y otros centros de interrogatorio en lugares desconocidos, el presidente republicano admite que «si no hubiese autorizado la práctica del «waterboarding» (para interrogar) a los jefes de Al Qaida, habríamos tenido que aceptar el riesgo de que el país hubiese sido atacado».

Dick Cheney

Bush reconoce que se planteó prescindir del vicepresidente Dick Cheney en las elecciones de 2004 durante la segunda legislatura. «Era visto como alguien oscuro y sin corazón –el Darth Vader de la administración–. (…). Aceptar la oferta que Dick (de dimitir) hubiese sido una forma de demostrar que yo estaba al mando. Pero, cuanto más pensaba en ello, más me daba cuenta de Dick tenía que quedarse. No le había escogido para que fuese un activo político. Le había elegido para que me ayudase con mi trabajo (de presidente). Y lo había hecho. Semanas después en una de nuestras comidas, le pedí que se quedase y aceptó», recuerda ahora.

Abusos en Abu Ghraib

«El secretario de Defensa Donald Rumsfeld me había advertido de que el Ejército estaba investigando informes de abuso en la prisión, pero no tenía ni idea de lo gráficas y grotescas que eran las fotos. Las vi por primera vez en el programa (de la cadena CBS) «60 Minutes II», indica Bush en referencia al espacio que sacó a la luz en exclusiva documentos de un escándalo que tanto daño le hizo a George W Bush.

El perro de Putin

Entre las anécdotas del libro, Bush recuerda cuando le presentó en Camp David a su perro terrier escocés, Barney, a Vladimir Putin su perro terrier escocés, Barney. Cuando él fue a Rusia, Putin hizo lo propio con su animal de compañía. «Un gran labrador negro vino. Y guiñándome el ojo, Vladimir me dijo: "Es más grande, más fuerte y más rápido que Barney"». Bush le contó lo sucedido al primer ministro canadiense, Stephen Harper, que le contestó: «Tienes suerte de que sólo te haya enseñado su perro». Tras la anécdota, Bush reconoce que el momento más bajo de su relación con el presidente ruso fue durante los Juegos Olímpicos de Pekín.

Las cámaras de TV regalaron la imagen de Bush y Putin sentados en las gradas durante la fiesta de apertura de estos juegos, mientras los tanques rusos arrasaban en Georgia. Durante la misma ceremonia de inauguración, Bush le dijo a Putin que el presidente georgiano, Mikheil Saakashvili, era «un hombre de sangre caliente». «Yo también soy de sangre caliente», escribe Bush que le contestó Putin. Pero él le dijo: «No, Vladimir, tú eres de sangre fría».


Un hombre con quien tomarse una cerveza
Si algo no se ha podido negar, es que George W. Bush es ese presidente con el que cualquier estadounidense se tomaría una cerveza. Y a esta circunstancia le ha debido gran parte de su éxito en las urnas en 2000 y 2004. Aunque no fue el republicano quien rompió con la imagen de seres inalcanzables y diferentes que tuvieron otros inquilinos de la Casa Blanca como John F. Kennedy o Ronald Reagan. Fue Bill Clinton el que grabó un vídeo con su familia para presentarse como un hombre cercano a su pueblo, justo después del escándalo de la becaria Monica Lewinsky. Se vio a su hija Chelsea coger las manos de sus padres. Parecía que ella era lo único que unía al presidente y la entonces Primera Dama, Hillary Clinton. Y de alguna manera también el país. Después, llegó Bush, y al texano le ha sucedido Barack Obama, que ha continuado con esta estrategia.