Zarpa el coloso de la Armada

En sus 230 metros de eslora aúna un portaaviones, un buque de desembarco de tropas y un hospital flotante.

De la cabeza de un marino salió hace años un proyecto visionario: un buque antes nunca conocido, el más grande de la historia de la Armada española, capaz de lanzar aviones, helicópteros y lanchas de desembarco sobre una playa; capaz de operar y atender a dieciocho personas en su hospital; capaz de albergar a casi 1.500 efectivos, 46 carros de combate u 88 vehículos de 16 toneladas cada uno. En la cabeza de ese marino se juntaron el portaaviones «Príncipe de Asturias» y el buque anfibio «Galicia» y el resultado es el Buque de Proyección Estratégica «Juan Carlos I».

De ese sueño, la Armada pasa esta semana a una realidad única en el mundo. El jueves recibirá, en un acto presidido por Su Majestad el Rey en Ferrol, el buque más grande de su historia. Más de 230 metros de eslora, longitud equivalente a dos campos de fútbol, una manga de 32 metros (tres pistas de tenis), 26.800 toneladas de desplazamiento y una capacidad de proyección de tropas y aviones nunca antes conocida en nuestra Marina.

En la construcción de este buque, realizada en los astilleros de Navantia, han participado más de 4.000 personas, pero cuando esté definitivamente operativo sólo necesitará 261 efectivos de dotación, algo más que una fragata, una cifra muy baja para el tamaño del buque. Esta dotación tendrá que gestionar dos barcos en uno. La parte superior del «Juan Carlos I» es portaaeronaves; la inferior, buque anfibio. Arriba, capacidad para combinar 30 helicópteros NH-90, 10 Chinook y 19 aviones de combate Harrier. Abajo, 5.200 metros cuadrados de garajes y capacidad para transportar una fuerza similar a la que actualmente opera en Afganistán.

Arriba y abajo, el buque de proyección estratégica aúna la capacidad para lanzar una operación ofensiva y también operaciones humanitarias. Además del hospital y su capacidad de atención médica, con quirófanos y UCI, el buque puede suministrar fluido eléctrico a tierra para una ciudad de 30.000 habitantes, algo nada desdeñable en según qué operaciones de ayuda a una población sacudida por la tragedia.

Su entrada en servicio en la Armada no pretende jubilar al «Príncipe de Asturias», el único portaaviones con el que cuenta a día de hoy, sino que busca ser un portaaeronaves alternativo, de modo que si el primero entra en reparación, la Marina no pierde ninguna capacidad.

El coloso no estará plenamente operativo hasta que concluya la equipación completa del interior del buque y la calificación de combate. Pero la mera concepción del barco ha ratificado un hecho incuestionable: la Armada es una referencia para muchas otras marinas. Además, en el caso del «Juan Carlos I», suma una característica reseñable: es prácticamente todo «made in Spain», no sólo en su construcción externa, sino también en sus «tripas», sus radares y sus sistemas de combate. Esa ingente labor puramente española ha llevado a la Armada, y por ende a Navantia, a exportar un producto español a países como Noruega, Chile, Malasia o India. Ahora se suma la venta de dos buques como el «Juan Carlos I» a Australia, que también ha adquirido cuatro fragatas españolas. Y si sólo el buque que el jueves recibe la Armada ha costado 360 millones, imaginen el negocio para la industria española.


A la espera de submarinos
La llegada a la Armada de las fragatas F-100, del Buque de Aprovisionamiento en Combate, de los buques de Acción Marítima (aún hacen falta otros cuatro) y del Buque de Proyección Estratégica completan casi el modelo de la marna del del siglo XXI. Sin embargo, aún falta una pata: la renovación de los submarinos: los S-80 llegarán esta década y, mientras, la Armada tendrá que presumir sólo en superficie.