El entrenador y sus jugadores

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Lunes, 28: entrevista
Mourinho mira a la gente por encima del hombro de Mourinho. Le ví ayer con Casimiro García-Abadillo, en Veo7. ¿Distante y como aburrido, sacralizado y desdeñoso? ¿Es así en su «privacidad»? Su «privacidad» (uno de sus vocablos predilectos) son él y su familia exclusivamente, y nadie más. Ignoro, de todos modos, cómo es entre los sólidos muros de su «privacidad». No dijo nada relevante, salvo que se lleva muy bien, al fin, con el Real Madrid de Florentino... sin Valdano, claro.
De vivir y ser aficionado al fútbol, Oscar Wilde sería «mourinhista» por aquello que dijo de que peor que estar en boca de todo el mundo es no estar en boca de nadie. Yo soy también «mourinhista». Mourinho le da muchas guindas al pavo del fútbol.

Martes, 29: F-1
El circo de la F-1 me fascina, si bien de F-1 entiendo lo que ZP de economía: entre casi nada o una pizca más que nada. Lo cual que, aun así, veo la F-1 como mi abuela veía «Lo que el viento se llevó»: con total y leal entusiasmo.
El piloto ruso Petrov (hijo pijo de papá archimillonario) es al parecer, por lo que veo y leo, el Mangriñán de Fernando Alonso. Mangriñán se doctoró en popularidad, hace casi medio siglo, por un marcaje implacable a Di Stéfano: donde iba éste, iba él detrás como guardaespaldas de demócrata amenazado por ETA. Por culpa del pijo Petrov, como se recuerda hoy, no ganó Fernando el Mundial del año pasado y también por su culpa, ahora en Melbourne, no ha sido nuestro querido asturiano piloto-podio.
En la F-1,tengo leído, si uno es un Messi o un Cristiano Ronaldo del volante, pero su monoplaza es más cascajo, tecnológicamente, que el de sus rivales, de nada le sirve ser genio, lo que me lleva a la reflexión –a lo mejor pueril– de que la F-1 será realmente el gozo de los gozos de todos los circos, el día en que el piloto invierta el orden de la ecuación irracional según la cual la máquina es el 70 por ciento y el piloto, el 30.

Miércoles, 30: Gillette
La España de Del Bosque se ha deslizado por la hirsuta barba del campo lituano (1-3, olé) como esa nueva Gilette de cuatro hojas que anuncian a bombo y platillo.La Selección de Del Bosque, cuando no se relaja y se lo toma en serio, esto es, nada amistosamente, sigue «afeitándose» a quien se le ponga por delante, con hierba y barro o con hierba verde y fresca, que te quiero verde y fresca. Su Xavi blaugrana y su Xabi madridista, los dos, también esta vez, aromáticos Chanel número 5 del balón. Qué bien lo hacen, qué bien huelen, qué gusto da verlos y olerlos.

Viernes, 1: bienvenido
Ya, oficialmente, adiós a Jaime Lissavetzky. Siete años en el cargo y un «tsunámico» cosechón de metales entre oros, platas, bronces y otros títulos: más de mil. El Pichichi, sencillamente, de la Historia de los secretarios de Estado para el Deporte. Le sustituye Albert Soler, ex waterpolista y hombre gestado en el deporte y para el deporte. Saber, sabe. Lo que hace falta es que el esquivo azar (creo en él, como Woody Allen) sea tan generoso con él como lo ha sido con los «ignaros» (en deporte) Javier Gómez Navarro y el propio Jaime Lissavetzky, ambos, sin embargo, cracks e «iluminados» gestionando el tenso y populista mundo del deporte. Curiosidad: ¿por qué el hado del deporte protege con generosidad a los «peces» en el juego y en el arte del deporte y es huraño, también a veces mezquino, con los que han hecho del deporte su alma y su vida? Albert: suerte.

Sábado, 13: morronazo
Morronazo galáctico del Real Madrid FP (0-1) en el Bernabéu. Morronazo que confirma, una vez más, que el entrenador de fútbol es él y sus «cracks», pero también él y las ausencias de sus «cracks». Guardiola, que es más platónico que Mourinho, tiene acuñada la inteligente reflexión de que el entrenador vale lo que valen sus jugadores. «Sin ellos –tiene dicho–, yo no sería el que soy, ni lo que soy». Por lo tanto, también por sus ausencias los conoceréis.