Afronta 25 años por asesinar a su pareja que le perdonó otros dos maltratos

La Fiscalía pide 25 años y 10 meses de prisión para un vecino de Viladecans (Barcelona) acusado de asesinar a cuchilladas a su compañera sentimental, con la que convivía pese a que tenía una orden de alejamiento por dos episodios anteriores de maltrato doméstico. Un jurado popular juzga desde hoy en la Audiencia de Barcelona a José Manuel G., cuya defensa solicita una condena de seis años de prisión por homicidio, argumentando que mató a su novia ofuscado porque acababa de verla besarse con otro hombre, y tras haber consumido alcohol y cocaína. La fiscal acusa al procesado de haber asesinado a su novia la noche del 12 de diciembre de 2006, clavándole hasta 23 puñaladas con un cuchillo de cocina en el domicilio de Viladecans (Barcelona) que ambos compartían. El ministerio público imputa a José Manuel G. un delito de quebrantamiento de medida cautelar y le aplica la agravante de reincidencia, porque ha sido condenado en sentencias firmes por haberla maltratado en dos ocasiones anteriores y por violar la orden de alejamiento que tenía impuesta. Según esas sentencias, el 11 de marzo de 2006 el procesado abofeteó a la víctima y la persiguió por el interior de la casa, hasta acabar amenazándola con un cuchillo de cocina y, unos quince días después, cuando ya tenía una orden de alejamiento, entró en una peluquería donde ella se encontraba y le pegó dos tortazos en la cara. Pese a esos dos episodios de violencia machista, la mujer perdonó en julio de 2006 al procesado y solicitó al juzgado que suspendiera la prohibición de aproximación y comunicación con José Manuel G., petición que le fue denegada. En su declaración ante el jurado, el presunto asesino ha explicado que el día de los hechos estuvo tomando cervezas, whisky y cocaína, de manera que acabó con "una borrachera y una colocada increíbles". Cuando se dirigía al piso donde vivía con Montserrat B., el procesado, según su versión, la vio salir de un coche y besándose con otro chico, lo que le puso "muy nervioso". El imputado mantiene que, una vez en casa, se enzarzó en una fuerte discusión con la víctima por la supuesta infidelidad, en la que él acabó agarrando un cuchillo de cocina que estaba sobre la mesa: "Ahí ya me volví loco y no recuerdo nada", ha añadido. Tras dejar muerta a su novia, el procesado salió a dar una vuelta en moto y, cinco minutos después, regresó para ver si estaba viva y llamar a una ambulancia, pero, al comprobar que no podía hacer nada por ella, se encerró en la cocina a tomar la cocaína que le quedaba y las cervezas que había en la nevera, según su declaración. Al día siguiente, José Manuel G. llamó a su hermano y le pidió que denunciara los hechos a la policía.