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Alaska: «Pitita Ridruejo es una valiente por defender sus devociones»

Aunque sea el icono musical clavado en la memoria reciente de nuestro país, para Alaska el pasado queda a años luz de su presente. Junto a Nacho Canut (Fangoria) pasa el verano de gira, presentando su noveno disco, «Absolutamente». En un impasse de ese ir y venir, conseguimos tomarnos una Coca Light en el Hotel Imperial.
-Curiosa mezcla la suya: mexicana con mentalidad centroeuropea.
-Peor: soy mexicana de primera generación. Hija de español y de cubana, con lo cual podría tener algo latino-caribeño y, por no tener, no tengo ni sentido del ritmo. La vena centroeuropea no sé de dónde me viene.
-«Absolutamente». ¿Por qué se han puesto tan rotundos en su último disco?
-Porque es una palabra categórica y porque es tan mentira como todo. Absolutamente no hay nada y Nacho Canut y yo somos los reyes del relativismo.
-Y a la vuelta de su gira con Fangoria, ¿se queda en el paro como tertuliana?
-Llevo 10 años en la Cope y eso no es trabajo. Colaborar en radio, tele o escribir en prensa son regalos. Si se ha terminado el ciclo con Jiménez Losantos, sólo finaliza un divertimento.
-¿Cómo ha sido su experiencia en la emisora?
-Nunca he tenido ningún problema con Federico ni con Luis Herrero, ni con Mari Cruz Soriano... ni con la Cope. Siempre he dicho lo que he querido. Si sólo trabajara con gente con la que soy afín, únicamente podría hacerlo con Nacho Canut y con mi marido.
-¿Qué está más visto, que le pregunten a Gallardón por Esperanza Aguirre o a usted por la Movida?
-Creo que gano por goleada, porque hace más tiempo de lo mío. Lo de ellos es de hace dos días pero yo llevo 30 años a cuestas con el tema.
-Fue una adolescente prodigio.
-En Kaka de Luxe yo tenía 14 años y eso es ser adolescente... Yo tenía las cosas claras.
-Ahora con 14 años se es un niño.
-Pues si pueden pasar de la niñez a la madurez y saltarse la adolescencia, fantástico. La adolescencia es completamente olvidable.
-En su vida ha habido pérdidas importantes y dos, cruciales: Eduardo Benavente y Carlos Berlanga... ¿Qué nos queda de los que se han ido?
-Aparte de la cuestión emocional, queda lo que nos han aportado y, a su vez, lo que nosotros contamos de aquello que nos legaron. Es como una cadena que dura generaciones. Además, al ser personas públicas que han dejado obra, eso dura para siempre.
-Dicen que alguien debería escribir sobre qué le pasó a esa generación.
-Pueden teorizar lo que quieran desde las aulas pero todos pasamos por el mismo pasillo. ¿Por qué a unos les afecta la oscuridad y a otros no? La cuestión es de individuos no de generaciones.
-Urrutia está harto de cantar la «Culpa fue del cha-cha-chá»... ¿Le pasa a usted con «Bailando»?
-Con no volver a tocarla, basta. Llevo desde el 87 sin cantar ese tema en un escenario. No somos una orquesta que se basa en un montón de éxitos.
-¿«La Bola de Cristal» existió o es una ilusión colectiva de mi generación?
-Existió y quizá ninguno de los que podían haberse escandalizado la vio. Y los que la veían eran niños y adolescentes que andaban los sábados por la mañana en casa.
-Y aquellos niños son los que hoy mandan...
-Esa generación es la que ahora está haciendo cosas en todas las áreas. Cuando voy a un programa de televisión siempre hay un realizador que veía el programa. Amenábar cuenta que la primera vez que escuchó un término técnico de cine fue en «La Bola de Cristal».
-«A quién le importa» es el himno gay por excelencia. ¿Le molesta?
-Surgió de forma natural, por tanto es un himno de verdad. Desde luego, estaba escrita con toda la conciencia filogay pero no era nuestra intención abanderar nada. Al ser algo espontáneo: bienvenido.
-¿Eurovisión debe seguir existiendo?
-¡Por mí, sí! Lo que pasa es que yo tengo poco espíritu competitivo y, en lugar de un concurso, lo dejaría en una muestra de cada país.
-Serrat dice que lo más importante es ser coherente y que no es tan difícil. ¿Cómo anda usted de coherencia?
-Estoy con él, ser coherente es lo más fácil del mundo pero con tu línea editorial, no con la de los demás.
-«Me hubiera encantado ser como Bimba Bosé, pero soy una mujer latin, todas las curvas...», dijo en una ocasión.
-Es verdad, aunque de pequeña me hubiera gustado ser como Bowie porque le adoraba. Cuando asumí que no podía ser porque tenía caderas y pecho, lo que hice fue potenciar lo que tenía. Pero ser Bimba no sería ninguna desgracia, en absoluto.
-Siempre he tenido la sensación de que usted acabaría en política.
-Imposible, no soy nada conciliadora. Yo no tengo espíritu colectivo, vengo del punk no del hipismo .
-El blog que tiene con su marido parece más un «post-it» virtual donde se dejan mensajes privados del tipo: «cariño, compra pan...».
-Ésa era la idea. Pero nunca sé cuándo lo va a leer, así es que ya no dejo mensajes tan inmediatos. La idea fue de Federico (Jiménez Losantos) porque me oía : «He olvidado decirle a Mario tal cosa»...
-Lo de su devoción por Pitita Ridruejo es una «boutade».
-No es nueva ni una «boutade»... Lo cómodo para ella hubiera sido quedarse callada, llevar sus devociones en privado y mantener su estatus de señora estupenda. Pero igual de valiente es ella como el que se manifiesta por la liberalización de las drogas... Para muchos ha perdido el norte, para mí lo ha encontrado.
-Es como un mix perfecto entre opuestos: lo clásico y lo moderno... eso debe de tener un nombre.
-Lo que no soy es dogmática. Ser punk no es escribir Vallecas con k ni pedir el 0,7 para el Tercer Mundo. Eso es una risa. Yo no creo en dogmas: soy individual y librepensadora. Me niego a tener que comulgar con una línea de pensamiento determinada por haber nacido en un año dentro de un siglo y tener una pinta determinada. No creo en los estigmas del dogma.
-Me explica eso de que «la que no se pinta, se carda».
-No es así. Es «la que no se carda, lleva un moño italiano» y es la frase de un amigo mío que viene a decir que todos tenemos nuestro trago...
-¿Me explica cómo es eso de que se declara fan del faranduleo «made in Spain»?
-Y me encanta la forma de ser de Ana Obregón o Belén Esteban. Por cierto, no creo que haya juguetes rotos, como dicen que será Belén. Las personas son responsables de su propio destino.
-¿Vio «Los Abrazos Rotos»?
-Sí y me encantó. Diga lo que diga la crítica, que sólo es la opinión de un señor.
-El último sitio donde podría encontrarla, ¿sería viendo a José Tomás?
-Lo ha intentado Dragó y no lo ha conseguido. Si estuviésemos en otro país, hablaríamos del zorro.

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Sin el síndrome del camarero
Se le adivina una piel de nácar sofocada bajo una espesa capa de maquillaje. Y unos inmensos ojos, nada leales a la obsecuencia. Tiene un modo pausado y coherente de hablar y opina de casi todo y por su orden. Parece haber nacido con el gen de la sensatez. Bajo la atenta mirada de su marido y manager, Mario Vaquerizo
–alias Nancy Anoréxica del grupo Las Nancys Rubias–nos movemos entre verbos, flashes y la promoción de su disco «Absolutamente». Desde luego, no padece el síndrome del camarero de Sartre: no juega a ser contemporánea; lo es.