«El aprendiz» de película

Una de las escenas de «El aprendiz», dirigida por Samuel Collardey
Una de las escenas de «El aprendiz», dirigida por Samuel Collardey

Altas temperaturas y buena cosecha la que se puede ver en el Cinema Jove. Este festival, como todos –sean grandes, medianos o pequeños–, proyecta películas que rara vez llegan a las pantallas. No es el caso de «Rara avis» y de la excepcional «La vida de los otros», que nació en el Festival de Locarno. Ante la pregunta de si deberían terminar estos encuentros, la respuesta es no. Este cine, que también existe, debe exhibirse y debe ser una pequeña luz que alumbre y dé su lugar a filmes que no están hechos en Hollywood, y sobre todo, que se beneficie la ciudad donde se celebran. Pero en esas muestras, incluyendo la presente, también hay cintas mediocres. Es el caso de «De todos los demás», una producción alemana que dirige Maren Ade de casi dos horas y bastante aburrida, aunque fuera premiada en Berlín.Con cámara digital«El aprendiz», filme francés de Samuel Collardey, es un ejemplo de cómo la aviesa utilización de cámaras digitales para los rodajes cambia la estética cinematográfica y el concepto del ritmo. Esta película muestra, con una torpe incursión en lo documental, una pequeña historia de un chico que estudia en una escuela de agricultura. Los recursos digitales posibilitan que todos los rostros de los personajes tengan el mismo color en los interiores y permite, por un nulo coste, largas escenas en las que no ocurre absolutamente nada. La historia no interesa. Los problemas del chico y la vida en la escuela, tampoco, porque el argumento está vacío. De ahí que ganara un premio en la Semana de la Crítica de Venecia, una sección que acoge sólo películas muy marginales.