El tren de Maleni

La Razón
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Cuando el Rey Alfonso XIII viajaba, el maquinista del tren era el duque de Zaragoza. También fue maquinista el conde de Alcubierre, que llevó a Franco en alguna ocasión. Franco subió una noche al tren en Granada y fue despedido por las autoridades. El Gobernador Civil, un pelmazo, improvisó un largo discurso. Franco zanjó el asunto con un comentario hiriente: «Deze priza, Gobernador, que va a perder el andén». En unos años, cuando España pueda cubrirse en trayectos de Alta Velocidad, el hecho de viajar se convertirá en un hábito más, sin tener que padecer la incomodidad de los aeropuertos.

Excepto para ir a Barcelona. No me fío. En los próximos años, seguiré fiel al Puente Aéreo. Al menos, hasta que compruebe que el AVE de Maleni Álvarez llega a la estación de Sants y no al mar Mediterráneo, con el subsiguiente susto de bañistas y navegantes. El trayecto, que Francisco Álvarez Cascos le dejó prácticamente hecho, aún no se ha terminado. Y quiere inaugurarlo antes del 9 de marzo, domingo electoral. Socavones, hundimientos, grietas en los túneles, agujeros que detienen a los trenes de cercanías durante meses, y lo más extravagante, que aún falta por construir el último tramo de vías, traviesas y catenaria. Opinan los expertos que la prudencia estima que un plazo de dos meses de comprobaciones y pruebas es el mínimo que exige el sentido común. No obstante, la ministra se ha puesto el fomento por montera, y animada porque unos pelotas de Almería le han concedido el Premio «Progreso y Solidaridad» –uno de esos premios que se guardan en un cajón–, ha decidido que el 9 de marzo Barcelona reciba la visita del primer AVE. Advertencia a las autoridades. Acudan al acto con cascos, y no se acerquen demasiado a la vía cuando el tren anuncie su llegada, si es que la anuncia y si es que llega. Si advierten que en los andenes se abren pequeñas grietas, salgan a toda pastilla de la estación de Sants. No se tratará de un terremoto, sino de un fenómeno infinitamente más peligroso. Una obra de Maleni. No lleven al acto inaugural a menores de edad ni a familiares que no estén lo suficientemente en forma para correr cien metros en menos de quince segundos. No alarmen a la población, pero contraten un numeroso servicio de ambulancias. Maleni llega a Barcelona en su tren sin terminar. Bienvenidos al Puente Aéreo.