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Fran Rivera no recogió el Garbanzo de Plata

Fran Rivera no recogió el Garbanzo de Plata
Fran Rivera no recogió el Garbanzo de Plata

Estaban todos alucinados, porque ni los más viejos del lugar recordaban semejante desaire: ni Enrique de Aguinaga, cronista de la Villa y Corte, ni Alfredo Amestoy y su perenne galanura, tampoco el gallardo General Bordelo, jubilado hace dos meses, ni Juan Lopera, que este mediodía cumplía 90 años. Fue un desplante de los que Fran Rivera no prodiga en los ruedos. Así, doscientas personas pasaron de la ilusión a la decepción al comprobar que no compartirían cocido con el hijo mayor de Carmina, a quien pretendían otorgarle el Garbanzo de Plata.

Inexplicable «espantá»

«Han dicho que mañana –por hoy– torea en el Corpus de Granada, de ahí que su presencia sea imposible», aseguraba Mencía, la cara bonita que se encarga de los temas comercialmente desagradables del torero. Pero aquí no había anuncios ni valla publicitaria detrás. Tan solo el madrileñísimo Garbanzo de Plata, con medio siglo de historia a sus espaldas. Hasta ahora lo han merecido desde el Rey y la Reina al Príncipe de Asturias –planean dárselo a Doña Letizia–, la Infanta Elena –que tomó dos platos de cocido, parece que la estoy viendo–, la duquesa de Badajoz y muchos más. Entre ellos, Alfredo Kraus, Ana Rosa Quintana, Enrique Ponce, Carmen Amaya, Plácido Domingo, Luis María Anson, Jesús Aguirre, Camilo José Cela, Fernando Fernán-Gómez e Isabel Preysler. Cuantos han protagonizado acontecimientos personales o profesionales de primera categoría ostentan el Garbanzo, ahora despreciado por Rivera. Un símbolo de madrileñismo que le trae al pairo. «Le representarán su tía Belén y su hermanastro Kiko», dijeron para justificar la inexplicable «espantá». Porque, si de algo sabe esta peña, es de intríngulis taurinos: «Nadie contrata una corrida 24 horas antes, menudo cuento», razonaban perplejos. Pasadas las tres de la tarde, setenta minutos después de lo acordado, llegaba Belén con aire de puntualidad. Y, sin el niño de la Pantoja, comenzaron a comer. Como el homenajeado no apareció, remataron la desatención en un tris trás: Laura Valenzuela evitó ofrecer el Garbanzo, que no se da, sino que se coloca en el ojal, y se limitó a entregarle un diploma a Belén, quien se quedó perpleja y sin palabras con las que justificar la pública mala educación de su sobrino Fran. Quedó demostrado que el torero sólo está atento, puntual y solícito cuando le conviene promocionar relojes o corbatas. Una faena de las que marcan época y pasan a los anales: si ya cuestionaban su calidad torera, ahora pocos tienen reparos en calificar tan detestable comportamiento.