La clara victoria de una nueva etapa

La Razón
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El nueve de marzo de 2008, José Luis Rodríguez Zapatero revalidó su triunfo electoral. Dos días antes, ETA asesinaba al ex concejal socialista en Mondragón Isaías Carrasco. Con cinco escaños más, aquella misma noche, en la sede de Ferraz, algo había cambiado en el ya nuevo Presidente. En clave de moderación, recordó a las víctimas del terrorismo y apeló a los acuerdos de Estado. Tras una Legislatura convulsa, de agrios enfrentamientos con la oposición, Zapatero describió su hoja de ruta: Una clara victoria para una nueva etapa. Sin crispación, sin confrontación y con diálogo.
Al mismo tiempo, en el cuartel general de Génova trece, el PP no ocultaba su decepción. Era el partido que más subía en votos, pero no lo suficiente para alcanzar el poder. Mariano Rajoy deseaba lo mejor a Zapatero por el bien de España. Su lacónico «adiós» en el balcón junto a su mujer, Elvira, disparó las alarmas de una posible retirada. Bien al contrario, decidió seguir al frente contra viento y marea. También para él empezaba una nueva etapa, alejada de la crispación por muchos jaleada. Los mismos que, venerándole antaño, exigían ya su urgente retirada. Miserias de la vida, acrecentadas en la política.
El año que termina marca un profundo cambio en el presidente del Gobierno. Escarmentado por la negociación con ETA y sus dislates en política exterior, diseñó otra estrategia. Alejó de un plumazo a su «vieja guardia», Jesús Caldera, Juan Fernando López Aguilar y Trinidad Jiménez, artífices de «Nueva Vía». Desde el nueve de marzo, el lema de ZP fue claro: nuevas caras y nuevo talante. Modificó radicalmente su política antiterrorista y sus amigos internacionales. Su imagen en la última Cumbre de Washington nada tiene que ver con el vencedor salpicado por la guerra de Irak.
Pleno de autoridad, Zapatero ha instaurado un completo estilo presidencialista. En el Gobierno y en el partido, es un líder indiscutido e indiscutible. Lo demostró en el Congreso Federal de julio, donde aupó a toda una nueva generación, con Leire Pajín en cabeza. La crisis económica es su nubarrón más amenazante. Bien lo dijo en su día Felipe: de la amarga victoria a la dulce derrota no hay más que un paso.