La euroescéptica República Checa toma las riendas de la UE

El presidente Klaus se ha negado a que la bandera de la Unión Europea ondee en el Castillo de Praga.

La euroescéptica República Checa toma las riendas de la UE
La euroescéptica República Checa toma las riendas de la UE

madrid- Desde el 1 de enero, la euroescéptica República Checa ostenta la Presidencia de turno de la Unión Europea (UE). Tras un vertiginoso semestre francesa liderado por el hiperactivo Nicolas Sarkozy, los Veintisiete aguardan con cautela los primeros pasos de Praga. El país centroeuropeo asume el timón del Consejo Europeo en medio de la crisis financiera internacional, el conflicto gasístico entre Rusia y Ucrania y la ofensiva israelí en la franja de Gaza.
A pesar de que el primer ministro checo, el liberal Mirek Topolanek, ha prometido un trabajo «sólido y profesional», el horizonte del semestre se ve amenazado por un fuerte nubarrón: el antieuropeo presidente Vaclav Klaus, quien se autodefine como un «disidente europeo» y se muestra contrario al ingreso en el euro o la firma del Tratado de Lisboa.
Durante las semanas previas al inicio de la Presidencia checa, Klaus, que ostenta una función protocolaria en el sistema político checo, ha provocado no pocos dolores de cabeza a sus colegas comunitarios al negarse, por ejemplo, a que la bandera europea ondee en el Castillo de Praga, su residencia oficial, por recordarle a la de la Unión Soviética.
«Cuando alguien hace la comparación entre la Unión Europea y la Unión Soviética, es que no ha comprendido lo que es la democracia», le respondió molesto el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.
Klaus no se cansa de advertir del «peligro de estandarización» que supone el proyecto europeo, al que acusa de promover un «Superestado» federal. «Mire, la República Checa no va a presidir la UE. La Unión la presiden los burócratas» de Bruselas, le espetó a un periodista al ser preguntado sobre los objetivos de la Presidencia checa. La opinión de los ciudadanos no dista mucho de la de su jefe de Estado. La mitad de la población se opone al Tratado de Lisboa por recortar su soberanía nacional.
Fuera del euro y de los Acuerdos de Schengen, la República checa ha mantenido una política más cercana a Washington que a Bruselas desde que ingresó en la UE en 2004. Bajo la Presidencia de George W. Bush, Praga respaldó la guerra de Irak, autorizó la instalación del radar del escudo antimisiles en su suelo y negoció con Washington un acuerdo para exonerar a sus nacionales de visados para viajar a EE UU.
Con esta trayectoria, las autoridades checas confían en impulsar las relaciones transatlánticas y presidir la primera cumbre UE-Estados Unidos con la nueva Administración de Barack Obama.
Pero lo que más irrita a sus socios europeos es que Praga asume la Presidencia de la UE sin haberse pronunciado aún sobre el Tratado de Lisboa, dado por muerto por Klaus tras el «no» irlandés. En febrero está previsto que comience el debate parlamentario sobre el texto, una vez que el Constitucional dictaminara que no contradice la Carta Magna.
Un Gobierno en minoría
El minoritario Gobierno de Topolanek, formado por democristianos, liberales y ecologistas, requerirá el apoyo de la oposición socialdemócrata para que el tratado sea aprobado. Una vez que esto ocurra, todavía será necesaria la firma del jefe de Estado. ¿Volverá a ser noticia Klaus o se impondrá el europeísta Topolanek?