Muerte millonaria: dinero sexo y balazos

Uno se cree que las cosas en la alta sociedad son siempre exquisitas, pero el juicio que se desarrolla en Ginebra para aclarar la muerte, en 2005, del banquero Eduard Stern sorprende por la vulgaridad de las acusaciones. La principal imputada, Cecile Bossard, una seductora dama de 40 años que ha reconocido haber cometido el crimen, dice que la puso en el disparadero una transferencia de un millón de dólares. La cosa, como ven, resulta interesante. Stern, de 51 años, elegante, bien cuidado, casado y con hijos, podría tener una doble vida en la que entraría esta peligrosa mujer. Stern, de origen francés, era uno de los financieros más poderosos. Su fortuna es la número 38 de Francia y dueño de un extraordinario apartamento en Ginebra, en el selecto barrio de Eaux-Vives. Amigo de Sarkozy y de Laurent Fabius, estuvo a punto de presidir un emporio de inversión privada. Según la instrucción sumarial, su vida secreta no era tan transparente ni brillante. En un traje de látex Lo que ha trascendido es que el banquero fue hallado muerto en su refugio ginebrino atado, vestido con un traje de látex -similar a los que se emplean en ciertos juegos sexuales- y cosido a balazos. La Policía inició unas difíciles indagaciones que terminaron con la detención de Cecile, quien trata de borrar la buena imagen del millonario y convertirlo en un ser de doble vida que la humillaba. Precisamente aquello de la transferencia del millón era una prueba redonda, según ella. Primero metió el dinero en su cuenta, y luego la bloqueó, diciéndole a la cara que «un millón de dólares es demasiado caro para una puta como tú». Cecile no podría soportar que la insultaran así, y apretó el gatillo. La acusación insiste en que el asesinato fue solo por dinero. La dama, rouge de Chanel, rodeada de morbo, con sus mejores poses, su maquillaje cuidado y su estudiada actitud, afirma que Edouard incluso le prometió matrimonio, pero que a la hora de la verdad le mostró su lado más brutal. Por eso tuvo que matarlo. Lo relató ante los hijos y la ex esposa de Stern, otra dama de mediana edad ofendida por un feo asunto con esquirlas cortantes por todos lados. Si el tribunal acepta el punto de vista de la acusación, Bossard puede recibir hasta veinte años de condena en el proceso más morboso del siglo. Sin embargo, cabe la posibilidad de que el jurado escuche las protestas de la acusada, consideren a Edouard un maltratador. En ese caso, su muerte saldrá mucho más barata. La viuda de Eduard Stern, acompañada de sus dos hijos, a la salida del polémico juicio. A la izquierda, la víctima