Ni genocidas ni libertadores

Un embajador español en un país caribeño lo expresaba así: «El bicentenario debe ser ambicioso, pero si nos despistamos, norteamericanos, ingleses y franceses dirán que la libertad la llevaron ellos y que los españoles era unos genocidas». Ayer quedó claramente explicado el debate que el Gobierno quiere rehuir en esta conmemoración: entre supuestos genecidas y supuestos libertados. Tuvo lugar en una mesa redonda celebrada en la Casa de América bajo el título «La fuerza de la cultura». Estuvo moderado por la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, y en ella participaban los ministros de Cultura de Ecuador, Ramiro Noriega, y el de Bolivia, Pablo Groux. Fue este último quien recordó que con «los gritos de independencia en Sucre no ocultarona aquellos indios que fueron olvidados». Este bicentenario «no debiera ser una conmemoración que hable de libertad e independencia», sino que evoque ante todo la «devolución de la dignidad y del respeto de aquellos pueblos y ciudadanos que fueron los principales protagonistas». Pidió además el protagonismo para los pueblos indígenas. El director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, respondió a Groux («sabía que iba a decir lo que ha dicho»): «El español dejó de ser lengua de un imperio para ser de una comunidad». Insistió en que el español de ahora es también el español de América y anunció para 2010 la edición del «Diccionario de Americanos» y una nueva Gramática que recoge los modos del otro lado del Atlántico.

 

Un lento camino

 

En mayo de 2007 se firmó el decreto por el que se constituía la Comisión Nacional para la Conmoración de los Bicentenarios de la Independencia de las Repúblicas Iberoamericanas, pero hasta ayer no tuvo lugar el primer acto institucional. Esto sí, al más alto nivel: contó con la presencia de los Reyes y los Príncipes de Asturias, además del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ministros y la mayoría de embajadores iberoamericanos. El ex presidente del Gobierno Felipe González fue nombrado Embajador Plenipotenciario de esta celebración, pero todavía no ha tenido oportunidad de utilizar el despacho que se le ha habilitado en el Palacio de Viana. Y, sobre todo, hasta el pasado febrero no se nombró al comisario –o Embajador Adjunto– a raíz de que el primero que fue designado para esta tarea de coordinación, José Luis Dicenta, cesó para incorporarse a la secretaría general de Unión Latina el pasado diciembre de 2008. El nuevo cargo lo ostenta Juan Manuel Romero de Terreros, ex embajador de la OEA en Washington. Su misión no será otra que movilizar a las fundaciones españolas –vinculadas en su mayoría a empresas y bancos– a participar en el bicentenario.Tejiendo vínculosEn su discurso, Don Juan Carlos argumentó el motivo de esta conmemoración. «Este profundo significado histórico que tiene para nosotros el movimiento emancipador americano y los intensos vínculos que hemos venido tejiendo con los países de la región explican el lógico interés español en poder acompañarles y colaborar en los actos que organicen para celebrar dichos Bicentenarios».