Noche de estreno con Alterio y Sacristán

La Razón
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Todos se hacen la misma pregunta ante el decepcionante enfrentamiento de dos actores como José Sacristán y Héctor Alterio: «¿Por qué?» «¿Para qué?» Había expectación ante su debut, una curiosidad redemostrada por la cantidad de caras históricas de nuestra escena que allí se dieron cita, como Carmen Bernardos, que estaba arrebujada en un visón marrón de hombreras menos marcadas que las del abrigo anchísimo de Julita Martínez. Contrastaba con el chaquetón en astracán negro de la irremplazable Rosa María Mateo, su hueco apenas lo cubre la magnífica Ana Blanco mientras en «Corazón, corazón» añoramos a Cristina García Ramos. Son nombres únicos y carreras ejemplares, como la de Rosa María Calaf, la última defenestrada por el Ente.

Alterio y Sacristán son provocadores de la última expectación escénica, como la que desde el jueves protagonizará José María Flotats en el Teatro Español. Pero, insisto. «¿Por qué?» y «¿para qué?» eran las interrogantes que sobrevolaban el Centro Cultural de la Villa, rebautizado con el nombre de Fernán Gómez. Su hija Helena –«con hache, por favor»– no ocultaba la emoción de ver un local tan céntrico rotulado con el nombre señero de su progenitor, hombre de pésimo genio pero con realizaciones magistrales, casi más en la dirección que en la interpretación. Lo reconocía un Carlos Larrañaga con barba de cuatro días. Su esposa Ana, con tres kilos más, resplandecía. «Fernando fue mi maestro, me dirigió como nadie en "Vivir es formidable"con María Luisa Merlo, que entonces era mi esposa, y mi suegro, Ismael Merlo. Barrimos». Larrañaga magnificaba el «solo» del argentino, «producto de un actor magnífico. Y Pepe tiene la naturalidad habitual, no voy a descubrirlos yo ahora», comentó a un Pavlosvsky que estaba irreconocible bajo un abrigo gris a juego con una corbata en tonos perlados.

Expectación

El artista acudió con una ginecóloga que es algo más que su amiga, como en tiempos lo fue Bárbara Rey, «que no ha venido a verme aunque lo anunció varias veces». Fue apoteósica su temporada en el mini Español, con el cartel de «no hay billetes» a diario. Un buen reconocimiento a su capacidad para evolucionar, ésa que le llevará a ser una azafata en «Boing-boing», un éxito de los años 70. Pavlosvsky puede con eso y más, y era el único etiquetado ante el humorista Máximo, que repetía el por qué y para qué junto a Silvia Tortosa y Pepe Ruiz. Manuel Galiana estaba expectante, igual que Carlos Hipólito, ante el musical que Nacho Artime estrena esta semana sobre Rocío Jurado. Alicia Moreno marcó elegancia y Encarna Paso comentó que «no me apetece volver, porque es muy malo lo que me ofrecen».