Otra prueba de impotencia

El Atlético fue incapaz de ganar al Almería, que jugó más de media hora con diez por expulsión de Pellerano. Uche adelantó a los de Hugo Sánchez y Sinama empató para los de Javier Aguirre

Otra prueba de impotencia
Otra prueba de impotencia

El carácter de Hugo Sánchez y Aguirre se trasladó a la hierba y el partido fue «muy macho», de mucho contacto, de faltas e interrupciones constantes, de tarjetas y una expulsión. Y de fútbol...Pues nada. Pedirle al Atlético que sea coherente, que juegue un poquito es irreal. Renunciar a mover el balón por el centro del campo es habitual en el sistema de Aguirre y ni la presencia de Banega, dotado técnicamente, pero carente de espíritu, sirvió para que el guión semanal que ofrecen los rojiblancos tuviera un capítulo nuevo. Y por eso eso el empate fue un reflejo de la forma en que se emplearon los dos equipos. Se supone que todos se fueron contentos y todos se fueron enfadados.
El Atlético entró en el partido dormido y, cuando se despertó, Leo Franco ya le había regalado un gol a Kalu Uche (min. 6). Hugo sonrió y Aguirre se tocó la cabeza en señal de desaprobación. Y es que un equipo que aspira por lo menos a la UEFA tiene que salir más concentrado. dejó moverse al Almería y fueron los andaluces los que tomaron la iniciativa, el balón y las ganas de plantarle cara a un rival, en teoría, superior.
Forlán fue el primero que espabiló con un disparo lejano y entre falta y falta no había nada reseñable. Muchos balones divididos, patadas a destiempo y el buen juego en el cajón del olvido. Al Almería se le puede perdonar. Al Atlético se le perdonó el día que fichó a Aguirre, venerado en México y en Pamplona, y denostado en el Calderón por la mayoría de los aficionados rojiblancos.
Y en una de esas acciones feas y punibles Perellano le arreó a Agüero. Sacó Antonio López con precisión la falta y la cabeza de Sinama se elevó más que la de ninguno de los protagonistas. Hubo gol, alguna tímida protesta por la posición del francés y el convencimiento de que el partido podía cambiar para bien. Pero no, nos engañaron. Negredo, Juan Manuel Ortiz y Uche forzaban córners sin consecuencias. El Atlético se defendía con todo y daba pelotazos sin sentido. Uno de ellos lo agarró Forlán para hacer la jugada de la noche. Dribló a su rivales en velocidad y el meta Alves evitó el gol.
La expulsión de Pellerano (min. 53) dio al Atlético más balón, más ocasiones y los mismos defectos. La precisión y el toque siguen ausentes en el diccionario de Aguirre y aunque el técnico fue valiente –quitó defensas y metió delanteros– no hubo victoria. Alves ante Agüero evitó que los tres puntos volaran a Madrid. Y es que el Atlético es un equipo muy atropellado, que juega a impulso de sus estrellas y que no sabe manejarse con el balón. Y así es imposible. Cuestión de impotencia.