Segundo escalón

La Razón
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El Magreb es una pieza clave para el terrorismo islamista por varias razones. Primero, un Magreb islamizado es la peor de las pesadillas a las que se puede enfrentar hoy España y la Unión Europea. El islam radical parece no haber entendido bien la Alianza de Civilizaciones de Rodríguez Zapatero y se ha buscado en nuestro patio trasero una nueva trinchera en su lucha santa contra Occidente. Si no se puede atentar en las grandes capitales europeas lo mejor, en un segundo escalón del terror, es el Magreb, donde España, Francia y EE UU tienen grandes intereses económicos y culturales.

Segundo, porque esta zona del norte de África juega y jugará un gran papel en el dilema energético. Si los agoreros del ecocomunismo están en lo cierto y al petróleo le queda poco, el gas magrebí es hoy un diamante en bruto. China, que hace oídos sordos al apocalíptico Al Gore, busca desesperadamente fuentes energéticas basadas en el carbón por todo el mundo, y paga en efectivo. Las prospecciones de gas y petróleo financiadas por Pekín ya están en marcha en el continente negro con lo que Al Qaida, que sueña con el Califato, puede tener pronto a un nuevo y poderoso enemigo en el gigante rojo. Curioso enfrentamiento.

Finalmente, el Magreb es una fuente ingagotable de otro foco de tensión en Europa, la inmigración ilegal. Europa se ha apuntado al modelo Sarkozy de aceptar sólo a mano de obra cualificada con lo que los flujos de las mafias de la inmigración no dudarán en profundizar sus operaciones desde el Magreb, ya que, al haber más demanda, el precio subirá.