«Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos» mensaje de protesta

Nada más saberlo, Chávez dijo que «era el momento de establecer nuevas relaciones entre nuestros países».

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«Tan lejos de Dios, y tan cerca de Estados Unidos». Las palabras del escritor uruguayo Eduardo Galeano siguen sonando con fuerza en el continente donde consideran que los norteamericanos tienen una deuda histórica y económica son sus hermanos latinos.
Atrás quedaron las dictaduras del Cono Sur apoyadas por EE UU en los 70 o las guerras centroamericanas auspiciadas por la Administración Reagan en los 80. Más allá del sentimiento «anti-gringo» instaurado de forma generalizada durante el gobierno Bush, en el hemisferio se preguntan si el nuevo Ejecutivo demócrata volverá a mirar hacia ellos.
Ya no hay excusas. Tras los atentados del 11-S, la política internacional norteamericana se volcó de lleno hacia Oriente. Es hora de que EE UU recupere el liderazgo que el presidente Hugo Chávez le arrebató en la región durante estos años de ostracismo imperialista. Los principales asuntos que preocupan en ambos lados del «muro» son el comercio, el tráfico de droga y, por supuesto, la inmigración. «Menos ayuda y más acuerdos económicos», dijo el todavía presidente George W. Bush cuando asumió el cargo.
En esta senda se situó John McCain durante su visita a México y Colombia a principios de julio. El republicano enfatizó su apoyo al tratado de libre comercio entre EE UU y Colombia y reafirmó su compromiso con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que reduce las barreras comerciales con México y Canadá. Sin embargo, Obama se ha mostrado en ocasiones crítico con el TLCAN y habla de renegociar el acuerdo. Según él, no apoyaría ningún trato –ni los negociados en este tratado ni el que se busca con Colombia–, hasta que se garantice un alto grado de protección a los trabajadores y el medio ambiente. No es un secreto que los sindicatos han apoyado moral y económicamente, la campaña del candidato demócrata.
«Ambos candidatos apoyan el Plan Colombia, el paquete de ayuda estadounidense para que Colombia combata el tráfico de drogas, así como la iniciativa Mérida, un plan similar para reducir el tráfico de drogas en la frontera entre EE UU y México», declara a LA RAZÓN Juliana Gutiérrez Bueno, miembro del Centro de Estudios Sudamericanos sobre Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU.
«Sobre todo México y Colombia viven supeditados a que la Casa Blanca apoye el libre intercambio de productos y personas. Algo por el momento, inviable. En cuanto a las ayudas encaminadas a reducir el tráfico de drogas y la inmigración ilegal, parecen aseguradas por ambos», agrega.
«Yankees go home!»
Según descendemos desde el desierto mexicano hasta Tierra de Fuego la influencia norteaméricana se reduce. Entramos en territorio estratégicamente abonado por los petrodólares de Chávez. En principio, el presidente venezolano se mostró dispuesto a dialogar con cualquiera de los candidatos, pero poco después McCain anticipaba que nunca se reuniría ni con Raúl Castro ni con Chávez. Las declaraciones en las que la candidata republicana a la vicepresidencia de EE UU, Sarah Palin lo tildaba de «dictador», tampoco ayudaron a acercar posiciones.
Finalmente, el mandatario apoyó a Obama pero le pidió al «hombre negro» que elimine el embargo a Cuba, saque las tropas estadounidense de Irak y cesen lo que califica los ataques de Washington a Irán y Venezuela. Otros países de la órbita bolivariana como Argentina o Bolivia, han tenido problemas directos con EE UU. En la Paz, el presidente Evo Morales expulsó recientemente a la Agencia Antidroga Estadounidense y hace un mes despachó al embajador norteamericano acusándolo de espionaje y de auspiciar frustrados intentos de golpe de Estado. En Buenos Aires, Cristina Kirchner acusó al imperio de conspirar contra ella, por ser mujer y peronista. Veremos si se suavizan las cosas con Obama durante estos próximos cuatro años.