Un confinamiento en ultramar (LV): En línea recta

El virus, como el comunismo, como los jinetes de Atila, llegó del este, y Lisboa está al oeste de Madrid, no digamos ya del Edén. “Venía del este y ellos están un poco más al oeste”»

El Congreso debate la quinta prórroga del estado de alarma
Carmen Calvo, vicepresidenta primera del Gobierno, ayer durante el debate en el Congreso 20/05/2020Pool Pool

Si quitamos a la Comunidad de Madrid del cómputo de contagiados o muertos, elucubra Pablo Echenique en el Congreso, España mejoraría, pasando de ganar las mundiales olimpiadas de las parcas –cosecha literaria mía pero datos irrebatibles del MoMo, o Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria– a situarse entre los países más devastados, pero no tanto. Qué cosas. Algo así viene diciendo Donald Trump respecto a Nueva York. Esa ciudad que tanto le molesta. Sus estadísticas ganarían bastante si no fuera por el número de contagios y muertes en la Gran Manzana. A la estupidez profunda que rezuman semejantes divagaciones, al ventajismo cutre de unos gobernantes adánicos, que aspiran a salvarse inmolando a los gobernadores de rango inferior, no cabe sino añadir sino suspiros. De aburrimiento o náusea. Existe una línea recta que cose las tristes ocurrencias de Echenique con las de la vicepresidente de Transición Ecológica, Teresa Ribera, y estas con las melonadas de la vicepresidente Carmen Calvo. Para Ribera, Portugal, tan cerca y tan lejos, lo hizo mejor porque a ver, majetones, el virus, como el comunismo, como los jinetes de Atila, llegó del este, y Lisboa está al oeste de Madrid, no digamos ya del Edén. «Venía del este y ellos están un poco más al oeste», dijo, «y entonces pudieron parar un poco antes. Allí ha habido un comportamiento por parte del conjunto de la sociedad y por parte de las fuerzas políticas mucho más compacto».

Restada la nostalgia por los comportamientos compactos, de textura apretada y poco porosa, densos, condensados, son las suyas unas declaraciones en el tono horticultor, muy fino, propio de quien afirma que el 8 de marzo «hubo una manifestación, el metro atiborrado, un mitin en Vistalegre, partidos de fútbol» y que «la derecha ha hecho un intento burdo de intentar mostrar como el gran foco de difusión del virus la manifestación de las mujeres feministas». Sin reparar, cielos, que la manifestación, el metro, el mitin y los partidos de fútbol son responsabilidad del gobierno, que autoriza o cierra, y que en el caso de los virus que se contagian a través de gotitas respiratorias y aerosoles alguna influencia tendrían las 120.000 personas que desfilaron por Madrid o las 50.000 de Barcelona. Conviene recordar también que Carmen Calvo ha reconocido en sede parlamentaria que «la Organización Mundial de la Salud, hasta el día 4 de marzo, está hablando de una situación absolutamente controlable». ¿Podemos deducir que del 5 de marzo en adelante la OMS hablaba de una situación incontrolable? Como la señora Calvo es infatigable al ridículo, inmune al rubor e imparodiable porque ella misma es la parodia, también explicó esta semana que, si bien no había caído, «Nueva York, Madrid, Teherán y Pekín están casi en línea recta. No exactamente, pero casi en línea, en horizontal. Y son tres de las grandes ciudades donde se ha dado un problemón del demonio». Un problemón del demonio, o un embolado del diablo, lo tenemos nosotros: gobernados por alguien que a veces tiene los mapas en la cabeza, pero mal, o peor, pues los provecha para hacer con ellos las más fenomenales papiroflexias mentales y las más prodigiosas gimnasias psíquicas. Vamos servidos, en consecuencia, de fenómenos paranormales y frases nacidas para el frontispicio y el mármol. La originalidad del momento consiste en que semejantes necedades no han sido pronunciadas para ganarse el aplauso de la parroquia en la sagrada cripta del Pombo, con Gómez de la Serna en el papel de maestro originalísimo, tampoco en el cabaret Voltaire de Zurich. Lo bonito es que en la trinchera de las vanguardias hoy reman los políticos al cargo del BOE, que hipotecan nuestro futuro, gestionan la crisis sanitaria, planifican las desescaladas y desescalan la economía al tiempo que derraman el dulce y crocante orden antifascista que iba rescatarnos del odio, el cambio climático, la violencia cisgénero y las desigualdades estructurales que afectan, esencialmente, a las mujeres. Por los micrófonos del mundo corre asalmonado, valiente y frenético, un virus devastador y desacomplejado, un rock and roll febril, que entonan unos políticos inservibles. Convencidos de que ante la pandemia sobraba con los eslóganes y que frente al inclemente galope de la biología cabía contraatacar con las balas de helio y los globos etílicos de los constructos sociales.