El «hackeo» de Putin se vuelve contra Trump

La desclasificación del informe de la CIA, la NSA y el FBI sobre la injerencia de Rusia a favor de la candidatura del magnate amenaza con desacreditar la nueva Administración a dos semanas de la toma de posesión.

La desclasificación del informe de la CIA, la NSA y el FBI sobre la injerencia de Rusia a favor de la candidatura del magnate amenaza con desacreditar la nueva Administración a dos semanas de la toma de posesión.

El viernes por la tarde, la denominada comunidad de inteligencia de Estados Unidos publicó un informe no clasificado en relación con la supuesta participación de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016. El texto señala de manera taxativa que «el presidente ruso Vladimir Putin ordenó en 2016 una campaña para influir enfocada sobre la elección presidencial en Estados Unidos. Las metas de Rusia eran menoscabar la fe en el proceso democrático de Estados Unidos, denigrar a la secretaria Clinton y dañar su capacidad para ser elegida y poder obtener la presidencia. Además afirmamos que Putin y el Gobierno ruso desarrollaron una clara preferencia por el presidente electo Trump. Tenemos alta confianza en estos juicios». Por añadidura, el informe señala: «también afirmamos que Putin y el Gobierno ruso aspiraban a ayudar las posibilidades de elección del presidente electo Trump (...)contrastándo a Clinton públicamente con él de manera desfavorable». Las tres agencias concuerdan en este juicio. La CIA y el FBI tienen alta confianza en esta tesis, la NSA tiene «una moderada confianza».

También coinciden los tres organismos de inteligencia en las razones para las supuestas acciones de la inteligencia rusa al señalar que «Moscú también vio la elección del presidente electo Trump como una manera de forjar una coalición internacional contra el terrorismo dirigida con el Estado Islámico». En otras palabras, Putin consideraba que Clinton no enfocaría su política exterior en armonía con los intereses rusos pero Trump sí. Las afirmaciones, no dejan lugar a dudas. Putin habría decidido ayudar a Donald Trump a ganar las elecciones y para ello habría desencadenado una campaña de descrédito contra Hillary Clinton. Su derrota abriría la puerta para acabar con los terroristas de EI gracias a una coalición en la que entraría Estados Unidos. ¿Cómo llegan a esa conclusión las tres agencias de seguridad? En primer lugar, señalan que, a inicios de octubre, todo indicaba que Hillary emergería como vencedora del proceso electoral especialmente después de que The Washington Post publicara un vídeo con más de una década de antigüedad donde Trump realizaba comentarios desagradablemente rijosos sobre las mujeres.

Las informaciones que fueron publicándose posteriormente en torno a Clinton y a su equipo contribuyeron, sin embargo, a dañar la imagen de la candidata demócrata favoreciendo a Trump. La manera en que, según la comunidad de inteligencia, actuó Rusia fue utilizando «trolls al igual que a RT –una cadena rusa de TV– como parte de sus esfuerzos para influir en denigrar a la secretaria Clinton. Este esfuerzo amplificó las historias sobre escándalos acerca de la secretaria Clinton y el papel de WikiLeaks en la campaña electoral».

Junto a los trolls y la cadena RT, el informe añade que «aseguramos con alta confianza que el GRU –el servicio de inteligencia militar ruso– utilizó el Guccifer 2.0, DCLeaks.com y WikiLeaks para entregar datos de las victimas norteamericanas en operaciones cibernéticas públicamente y en exclusivas a medios de difusión». El texto insiste además en que Moscú «muy verosímilmente» entregó datos a Wikileaks dada «su autoproclamada reputación de autenticidad». En otras palabras, según la comunidad de inteligencia, el GRU habría llevado a cabo sus ataques contra Clinton valiéndose de trolls, de RT y de filtraciones a instancias como WikiLeaks aunque, en este caso concreto, se trate de una acentuada verosimilitud. Naturalmente, la pregunta que se cierne sobre la opinión pública es si Putin ganó las elecciones para Trump o si éste venció porque lo respaldaron millones de norteamericanos que, por ejemplo, estaban cansados de la marcha del país y que además –como sucedió con la mayoría del voto femenino blanco – contemplaban con profundo desagrado a Hillary.

De manera muy llamativa, la comunidad de inteligencia se libra muy mucho en su informe de emitir un juicio al respecto y afirma taxativamente que «no realizamos afirmación respecto al impacto que las actividades rusas tuvieron en el resultado de la elección de 2016. La Comunidad de inteligencia de Estados Unidos está encargada de la monitorización y evaluación de las intenciones, capacidades y acciones de los actores extranjeros; no analiza los procesos políticos de Estados Unidos o la opinión pública de Estados Unidos». A nadie se le escapa que el episodio arroja dudas sobre la legitimidad de la victoria de Trump. Su impacto real es cuestión aparte. Por ejemplo, la aplastante mayoría de los votantes republicanos sigue pensando que Trump ganó sobre una candidata detestable mientras que el 53% de los demócratas lo ve de manera distinta. En cuanto a los políticos, los demócratas siguen dolidos, pero no cuestionan el resultado electoral, al menos de manera abierta, y los republicanos –con la excepción de anti-rusos beligerantes como McCain o Graham– culpan a Obama de los agujeros de la inteligencia, insisten en que Clinton perdió por otras causas y preferirían pasar página. Mientras Trump sigue manifestándose escéptico sobre el contenido del informe, no faltan los que piensan que el episodio va a limitar poderosamente su mandato obstaculizando, por ejemplo, la anunciada política de distensión hacia Putin.