Brasil, el titán enfermo

La presidenta Dilma Rousseff.
La presidenta Dilma Rousseff.

La séptima economía mundial ha entrado técnicamente en recesión tras registrar un crecimiento espectacular del 7,5% en 2010.

Brasil ya no es un gigante dormido. La potencia sudamericana despertó hace tiempo y potenció su marca dentro de la región. Se diferenció de los dragones asiáticos y sus colegas del BRICS –países emergentes– con un modelo de crecimiento más humano, menos salvaje. Un pueblo que soñó con el desarrollo, con la inclusión social y con ganar un mundial. Pero que se encontró con barreras muy altas: los peores índices de distribución de riqueza del planeta y una corrupción enquistada en los diferentes extractos del sistema. La burbuja estalló y el titán enfermó, volvió a su lecho. La historia todavía no tiene un final escrito. Hay esperanza pero los síntomas no son buenos. La séptima economía mundial entró técnicamente en recesión al registrar dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo, una noticia que puede costar votos a la presidenta y candidata a la reelección Dilma Rousseff, a tan solo semanas para las elecciones. El gigante sudamericano enfrenta su cuarto año consecutivo de crecimiento moderado. Tras un alza espectacular de 7,5% del PIB en 2010, Brasil creció 2,7% en 2011, 1% en 2012 y 2,5% en 2013. Sin embargo los datos, señalan que el PIB de la principal economía latinoamericana cayó 0,6% en el segundo trimestre en relación a los tres meses anteriores, mientras el crecimiento de enero a marzo fue revisado a la baja, del 0,2% al 0,2% negativo.

Muchos analistas atribuyen la contracción del PIB a la crisis en la industria y a la gran cantidad de feriados decretados durante la Copa del Mundo celebrada del 12 de junio al 13 de julio, entre otros factores. A la contracción del crecimiento se suma una elevada inflación: 6,5% en 12 meses hasta julio, el máximo de la meta establecida por el Gobierno.

Precisamente, muchos ven en el pasado Mundial, el precedente de esta crisis. Para empezar, Brasil 2014 fue el Mundial de Fútbol más caro de la historia, con un presupuesto de 8.671 millones de euros, muy por encima de los 2.947 millones de euros que dedicó Sudáfrica en 2010. Aunque el evento generó puestos de trabajo y atrajo inversiones también disparó la inflación. La tasa de inflación interanual de Brasil alcanzó en junio el límite superior de la meta del Gobierno por primera vez en un año debido a que aerolíneas y hoteles elevaron sus precios con ocasión del evento. Por otro lado, la incertidumbre sobre el resultado de las elecciones de octubre tras la inesperada entrada en liza de la ecologista Marina Silva, del Partido Socialista de Brasil (PSB), a quien los sondeos dan como ganadora en segunda vuelta frente a Rousseff, también ha provocado una caída en las inversiones.

Las cifras del PIB «posiblemente serán utilizadas por los rivales de Rousseff en la campaña para atacar su pobre récord de crecimiento e inflación», estima Robert Wood, analista para Brasil de la Economist Intelligence Unit.

«Los mercados han estado respondiendo de manera positiva a los últimos sondeos que señalan que la reelección de Rousseff está en riesgo», y un cambio de gobierno con Marina Silva o el socialdemócrata Aecio Neves (PSDB) contribuiría a la restauración de la confianza empresarial», añade.

Ajustes

Aunque la mayoría de analistas sostienen que Brasil no está herida de muerte y que el crecimiento podría regresar a un terreno positivo en el segundo semestre, expertos como Margarida Gutierrez, profesora de Macroeconomía de la Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ), advierten que gane quien gane, 2015 será un año de ajustes desde el punto de vista fiscal, de inflación y de cambio, lo cual deprime las inversiones.«Brasil pierde ritmo de crecimiento desde 2011 por un cuadro de política económica con muchas incertidumbres, mucho intervencionismo del Estado en la economía, y este año hay incertidumbres adicionales: las elecciones, el riesgo de racionamiento de energía eléctrica y ajustes que deberán ser realizados en 2015», dice.

Juegos olímpicos

Cuando el ex presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, con un discurso magnifico se metió a los miembros del COI en el bolsillo y logró que los próximos juegos Olímpicos se celebrasen en Rio de Janeiro, no midió las consecuencias. Los efectos colaterales de organizar un megaevento cuando tu economía todavía está es ascenso, y las prioridades son otras. Eran tiempos de bonanza, todo el mundo hablaba del milagro brasileño, de esos 35 millones de personas que dejaron de ser pobres para convertirse en clase media y comenzar a consumir. Y es que los grandes acontecimientos deportivos no necesariamente generan beneficios para los países anfitriones, por lo menos a corto plazo. A esto hay que sumarle que la apuesta de Brasil fue doble: sede de la Copa del Mundo 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016. Demasiado incluso, para una potencia del tamaño de Brasil.

Claves

► El Producto Interior Bruto (PIB) de Brasil, la primera economía latinoamericana, cayó un 0,6% en el segundo trimestre del año, tras una contraccción del 0,2% entre enero y marzo.

► La incetidumbre ante las elecciones del próximo mes de octubre, y la entrada en liza de la ecologista Marina Silva, a quien los sondeos dan como ganadora, han hecho caer la inversión.

► Aunque los expertos creen que el país no está herido de muerte, sí coinciden en que 2015 será un año de ajustes, tanto desde el punto de vista fiscal, como de inflación y de tipo de cambio.

► Cuando Lula convenció a los miembros del COI para celebrar los JJ OO no midió las consecuencias. Celebrar un megaevento con la economía aún en ascenso puede ser arriesgado.