China se come Latinoamérica

Pekín está desplazando a EEUU como potencia en la región con una lluvia de inversiones y grandes infraestructuras. ¿Dejará Washington que su rival le arrebate su «patio trasero»?

Pekín está desplazando a EEUU como potencia en la región con una lluvia de inversiones y grandes infraestructuras. ¿Dejará Washington que su rival le arrebate su «patio trasero»?

En los últimos quince años China ha ido tomando posiciones en América Latina. El gigante asiático ya es el socio comercial más importante de Argentina, Brasil y Perú y el primer destino de las exportaciones de Chile, Uruguay, Brasil y Cuba. Las relaciones bilaterales con esta región tuvieron un valor de 244.000 millones de dólares el año pasado. China ha financiado puertos, carreteras y líneas de tren y sus empresas se han hecho con lucrativos contratos en infraestructuras en casi todos los países de la zona.

Estados Unidos, pese a todo, sigue siendo el socio comercial preferente y el primer país inversión en la región, considerada desde el siglo XIX como «el patio trasero» de Washington. Pero la tendencia podría torcer el liderazgo estadounidense en los próximos años, máxime en plena era de aislacionismo trumpista.

A China le interesa América Latina principalmente como suministradora de materias primas y destino de sus inversiones. Pekín se aprovisiona del petróleo de Venezuela a cambio de financiación al régimen de Maduro, así como de hierro y cobre mediante inversiones directas e importaciones para asegurar del control del recurso en otros países.

Pero en su estrategia trata de obtener influencia política. Los tentáculos del poder blando chino llegan a universidades, científicos y medios de comunicación. El año pasado afianzó su posición en Argentina con la apertura de una base espacial en la Patagonia, un macroproyecto erigido en símbolo de la potencia china en América Latina.

Este desembarco se observa en los países de la zona con entusiasmo pero también con precaución. Es verdad que China no condiciona su inversión a las garantías democráticas de los países. Pero conjugar los intereses económicos con la geopolítica no siempre es un dilema fácil de discernir, como se ha visto en el caso de Jair Bolsonaro, que ha pasado de ser un feroz crítico de la presencia china en Brasil a comulgar con la realidad que dice que China es el primer mercado para los productos brasileños.

Para Estados Unidos el avance de su rival comercial en la región es preocupante hasta el punto de que John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de Trump, afirmó recientemente que su administración no tiene miedo de aplicar la doctrina Monroe (América para los americanos). Mientras tanto, China va a lo suyo.