Con la vista en 2020

La Razón
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Esté atento a las predicciones de unidad, los aplausos y las sonrisas confidentes de portavoces y delegados durante la convención republicana de Cleveland, Ohio. En privado, están todos aterrorizados. ¿La prueba? Mire a su alrededor y fíjese en aquellos que no verá allí. ¿Dónde están los Bush? ¿Dónde está Romney, el candidato de 2012? ¿O John McCain, el de 2008? Los cinco se quedaron en casa. Aunque Donald Trump haya podido engañar a las élites republicanasal principio, ya no puede sorprender a nadie. Hemos visto utilizar con sus oponentes un lenguaje que los políticos estadounidenses no utilizan en público –«el mentiroso Ted», por Ted Cruz o «Pequeño Marco» para Marco Rubio que habló ayer por la noche. Llamó «perdedor» a un senador republicano, se burló de un reportero con discapacidad, se burló de la cara de un rival. Elogió a Sadam Hussein por «matar bien a los terroristas». Aun así, Trump es el candidato republicano. Ganó las primarias justamente. ¿Por qué no puede la élite del partido al menos aparecer en la Convención? En primer lugar, no importa lo mucho que se esfuerce, es poco probable que gane. Distanciarse de él ahora es una estrategia mucho mejor para las élites republicanas. La derrota es especialmente probable debido al peculiar sistema americano: una victoria en California (55) y Nueva York (31), ambas sólidamente democráticas, cuenta más que ganar en 14 Estados republicanos.

Sin embargo, hay que respetar a los republicanos por su compromiso con sus principios: no se han adaptado a los tiempos cambiantes. Se aferran a creencias ya desechadas por la mayoría de americanos, lo que se ve en temas como el rechazo al matrimonio homosexual, su visión en cuanto a la religión en colegios públicos y muchas otras cosas. Esta es otra razón por la que la élite republicana se quedará en casa: su incapacidad de adaptación supone un peligro mucho mayor para el partido que perder en 2016.

Y ese peligro se lo debe a España: desde 1492, desde que Cristóbal Colón emprendió su viaje al «nuevo mundo», España atacó, luchó y ganó control de enormes territorios de América Central y Suramérica, incluyendo México y Florida. Ahora, la mayoría en esos lugares tiene apellidos españoles, y millones de personas, legal o ilegalmente, están llegando a EE UU.

En 1965, Estados Unidos contaba con un 85% de población blanca. Ahora, sólo el 70%. Desde los años 90, 4,3 millones de latinos han venido sólo de México. Para el año 2043, el censo estadounidense prevee que la mayoría de americanos no serán blancos, principalmente a causa de la inmigración hispana y latina. Nada va a cambiar eso. Los votantes republicanos, sin embargo, son en un 89% blancos. Tienen un candidato que quiere construir un muro para mantener fuera a los mexicanos, los llama «violadores» y cree que los jueces con apellido latino no deberían estar al cargo de luchas judiciales en las que él

esté involucrado. No es sorprendente que sólo uno de cada cuatro hispanos tenga intención de votarle. ¿Cómo pueden los republicanos tener éxito con ese punto de vista? No pueden. En los años que están por venir deben abandonar esos puntos de vista, o fracasarán como partido.

Con las cámaras encendidas, los ponentes de la convención pueden predecir un éxito absoluto en 2016, pero en realidad, cuando estén en sus habitaciones de hotel y cenas privadas donde no pueden entrar las cámaras, ya están planeando su estrategia para 2020. No hace falta tener visión de 2020 para ver por qué.