May encaja otro golpe al dimitir el embajador en la UE por el Brexit

La marcha por sorpresa del diplomático se debe a diferencias con Downing Street

La marcha por sorpresa del diplomático se debe a diferencias con Downing Street

Como si de una maldición bíblica se tratara, los apóstoles del Brexit parecen condenados a no llegar a la tierra prometida después de duros años de travesía por el desierto de la pertenencia al club europeo. A la cascada de dimisiones vivida en los últimos meses en la política británica tras el 23 de junio, empezando por la del ex primer ministro David Cameron, se sumó ayer una de las más inesperadas: la del representante británico ante la UE, el embajador sir Ivan Rogers. Su abandono se produce a tres meses del pistoletazo de salida de las negociaciones de ruptura, ya que se espera que antes de finales de marzo Reino Unido active (tras meses de retraso) el ya archiconocido artículo 50, que permitirá dejar negro sobre blanco las condiciones del divorcio.

Rogers abandonó el tradicional segundo plano atribuido a los diplomáticos el pasado mes de diciembre, cuando la BBC publicó la filtración de un informe interno en el que éste estimaba en diez años la duración de las negociaciones entre Reino Unido y sus antiguos socios para rubricar un acuerdo de libre comercio. Unos plazos muy parecidos a los barajados en los pasillos de la capital comunitaria, pero cuyo reconocimiento por parte del embajador –aunque fuera en privado– dinamitaba el mensaje del Ejecutivo de Theresa May, que en los últimos meses se ha caracterizado por presentar las negociaciones de salida como una alfombra roja para Reino Unido. La prensa más euroescéptica se abalanzó sobre Rogers como si de una pieza cotizada de caza se tratara y el escándalo le estalló a May en vísperas de su última cumbre del año en la capital comunitaria, encuentro que abandonó sin convocar la habitual rueda de prensa en Bruselas.

Según recuerda a LA RAZÓN Pieter Cleppe, director de la oficina en Bruselas del «think tank» británico Open Europe, las críticas a la labor de Rogers comenzaron mucho antes, cuando se convirtió en el principal asesor de David Cameron en las negociaciones para conseguir una serie de contrapartidas a cambio del respaldo del ex «premier» británico a la permanencia en el club europeo. Para los «brexiters», Cameron no fue capaz de conseguir un acuerdo lo suficientemente ventajoso y entre los principales culpables se señaló a Rogers.

Cleppe considera que «no se puede culpar a los diplomáticos de los errores cometidos por parte de los políticos» y aventura que, aunque parezca paradójico, el sucesor de sir Ivan será alguien con un perfil parecido. «Me parecería muy extraño que escogieran a alguien de talante agresivo, eso corresponde a los políticos». Los vituperios por parte de la prensa más euroescéptica a la imagen tranquila de Rogers, partidario del Brexit suave, contrastan con los piropos recibido en las últimas horas. Nicholas Macpherson, antiguo responsable del Tesoro británico, describió la dimisión del diplomático como una «deliberada y total destrucción de la experiencia comunitaria» a la vez que recordaba la ausencia de otros diplomáticos veteranos conocedores de los pasillos bruselenses en las negociaciones del Brexit. Charles Grant, investigador del «think tank» Centre European Reform, alertaba ayer de que las posibilidades para Reino Unido de conseguir un buen acuerdo se alejan con esta dimisión. Precisamente, sir Ivan comenzó su carrera profesional en el Tesoro británico, ha trabajado en el sector financiero (Citigroup) y fue una de las personas de máxima confianza del antiguo comisario británico Leon Brittan, que formó parte de la Comisión Delors. Un currículum tranquilizador para la City Británica y aquellos que pretenden un divorcio lo más amistoso-ventajoso posible.

Posiciones tan enfrentadas alimentan la hipótesis de que Rogers tan sólo haya sido un peón fácil de derriban sujeto a las divisiones cada vez más pronunciadas dentro del Gabinete de May, aunque, según asegura el rotativo británico «Financial Times», esta dimisión ha pillado por sorpresa a la propia primera ministra.

De momento, Downing Street ha intentado hacer de la necesidad virtud y recuerda que Rogers, presente en la capital comunitaria como embajador desde 2013, debía abandonar su puesto en el mes de noviembre y que esta dimisión deja suficiente tiempo para nombrar sucesor antes de la activación del artículo 50 en marzo. Unas declaraciones que, sin embargo, contrastan con el convencimiento en los pasillos comunitarios de que Rogers –muy apreciado entre sus colegas– continuaría en su cometido durante todo el proceso.