Historia

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El éxodo permanente del pueblo judío

La Razón
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La historia del pueblo judío es un puro éxodo, desde su comienzo mítico-religioso, cuando Yahvé ordena a Abrán que abandone tu tierra, el país de Ur (Mesopotamia) y emigre a Canaán (Palestina): «Deja tu tierra natal y la casa de tu padre y dirígete a la tierra que yo te mostraré. Te convertiré en una gran nación, te bendeciré y haré famoso tu nombre...» (Génesis, 12,1-2. Traducción interconfesional). Llegados a la Tierra Prometida, el patriarca, familia y rebaños, empujados por una hambruna en Canaán, emigraron a Egipto donde fueron bien recibidos y, no mucho después, expulsados.

No fue la única migración a esta tierra: José, hijo de Jacob, vendido por sus hermanos, fue a parar como esclavo a la casa del jefe de la guardia real. Y siguiendo en terreno mítico está el éxodo a Egipto encabezado por Moisés. Sin documento alguno que certifique la presencia numerosa de judíos, el relato bíblico muestra un hábito migratorio entre los descendientes de Abrán. Y no por gusto las más de las veces. En el siglo VI a.C., Nabucodonosor deportó a unos 12.000 a Babilonia. Durante ese destierro se acuñó el eslogan del retorno: «Que mi lengua se pegue el paladar si te olvido, Jerusalén». Allí se multiplicaron y a finales de ese siglo regresaron unos 43.000. En los seis siglos siguientes se produjo la diáspora por la ribera del Mediterráneo oriental

Y luego, la gran tragedia, dos guerras con Roma y la consiguiente expulsión de La Tierra Prometida de gran parte de los supervivientes. En el 132 d.C, Adriano ordenó una nueva deportación escapando de ella mínimas comunidades diseminadas por el desierto.

Hasta bien entrada la Edad Moderna, los judíos vivieron en Europa sujetos a las leyes de los príncipes cristianos, trabajando como agricultores, artesanos médicos, intelectuales, recaudadores y prestamistas... Actividad usuraria especialmente mal vista por los pueblos que acarreó mala fama a la generalidad, lo que unido a su aislamiento socio-religioso, a su endogamia y al estigma de la crucifixión de Cristo les hizo víctimas de persecuciones promovidas ante calamidades naturales o pandemias.

Esa conflictividad, la lucha por la unidad y motivos económicos, suscitaron, por encima de razones religiosas, sus expulsiones en gran parte de los reinos cristianos durante los siglos XIV y XV. Migraron hacia los Países Bajos, Polonia, Rusia, Grecia, Turquía y Norte de África o, dado el escalonamiento de las expulsiones, hacia reinos que habían dejado siglos antes, como Francia, Inglaterra o España. Y América. Aunque ya en el siglo XVI muchos judíos habían logrado burlar la prohibición española de emigrar hacia las nuevas tierras, sería a partir del XVII cuando llegarían en número relevante.

El enciclopedismo, la Revolución Francesa, la Independencia de Estados Unidos o Napoleón hicieron mucho por su igualdad de derechos, que sería casi universal a finales del siglo XIX.