El recuerdo del 85: «¡Dios mío, otra vez no!»

Algunos de los afectados reviven la potencia del sismo: «He sufrido varios terremotos, pero como éste ninguno. Duró mucho»

Un soldado ayuda a evacuar a la población afectada por el terremoto en la costa de Chiapas, al sur del país.
Un soldado ayuda a evacuar a la población afectada por el terremoto en la costa de Chiapas, al sur del país.

Algunos de los afectados reviven la potencia del sismo: «He sufrido varios terremotos, pero como éste ninguno. Duró mucho».

México volvió a revivir ayer viejas pesadillas. Aunque el presidente del país, Enrique Peña Nieto, aseguró que tardarán varios días en cuantificar los daños materiales, el terremoto de 8,2 grados sembró el pánico en el sur del país y el miedo llegó a la capital. Iglesias, palacios municipales, monumentos turísticos e infraestructuras figuran entre los grandes perjudicados por el sismo. Juchitán, en el estado de Oaxaca, ha sido el municipio más afectado por el terremoto, que sorprendió a los mexicanos al filo de la medianoche y causó al menos 35 muertos. El palacio municipal de este lugar quedó parcialmente reducido a escombros y dejó una estampa peculiar: la bandera nacional en pie entre el derrumbe. Las imágenes de un hombre rescatando la bandera entre los escombros se ha convertido en un inesperado símbolo patrio, en pleno mes de las celebraciones por la Independencia del país, informa Efe.

La iglesia de San Vicente Ferrer, que data del siglo XVI, ha quedado destrozada en su mayor parte, sin dejar rastro de uno de sus campanarios. En la capital del sureño estado de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, se vio afectado el monumento del parque Bicentenario Morelos. Del monolito, situado en la parte superior de unos escalones, se desprendieron las cabezas de dos figuras femeninas que aparecen dándose la mano. Las coloridas calles de San Cristóbal de las Casas, también en Chiapas, sufrieron grietas y desprendimientos con el poderoso movimiento telúrico. «La casa se movía como un chicle y se fue la luz e Internet», dijo Rodrigo Soberanes, residente de este municipio. «Hay casas que se han derrumbado con gente dentro», dijo Luis Felipe Puente, coordinador Nacional de Protección Civil de Chiapas al canal mexicano Milenio. Aunque en la capital no hubo grandes destrozos, los temblores y las fuertes sacudidas empujaron a cientos de personas a las calles. Algunos todavía estaban en pijama al salir de sus casas. Entre ellos estaba Liliana Villa, de 35 años: «Era horrible. Pensé que el edificio se iba a caer». En un barrio del centro de la capital, docenas de personas esperaban en la calle tras el terremoto, envueltos en mantas. «Nunca había estado en un sitio donde la tierra se moviese tanto», relató Luis Carlos Briceno, un arquitecto de 31 años que estaba de visita en Ciudad de México. «Al principio me reí, pero cuando se fue la luz, no sabía qué hacer. Casi me caí».

En las carreteras, los atascos atrapaban a los ciudadanos que no daban crédito al movimiento de los carteles y señales de tráfico. El célebre monumento Ángel de la Independencia se sacudía violentamente, mientras los gritos de desconcierto y miedo de los que se encontraban haciendo sus compras en los centros comerciales ofrecía una imagen de contraste ante el frío silencio que se respiraba en el metro de la capital.

«Ya me tocaron varios terremotos aquí, pero como éste, ninguno. Duró mucho», contó Pablo Guzzo, un argentino que vive en México desde hace 16 años. «Te quedas super asustado, sobre todo porque sabes que vienen réplicas».

«Yo pensé que estaba mareada, pero me di cuenta de que la cama se movía», contaba al diario argentino «La Nación» una de las testigos del sismo. Las sirenas comenzaron a inundar Colonia Doctores –un barrio céntrico de Ciudad de México–, aunque las verdaderas alarmas «no sonaron», las del Sistema Sismológico Nacional, aseguró esta afectada por el temblor. «Cuando me dormí había cinco muertos». En un abrir y cerrar de ojos esa cifra había ascendido a 36, según las autoridades.

Hubo quien recordó inmediatamente la pesadilla vivida en la capital en 1985, cuando un terremoto afectó de lleno a la capital dejando 10.000 muertos. «No, otra vez. Dios, por favor, no», lamentó una vecina de la capital que se puso de rodillas para rezar, recordando el temblor de los ochenta, cuando la tierra se enfadó, una vez más, con México.