El sueño de King pervive

Miles de personas conmemoraron ayer la marcha sobre Washington

Participantes de la marcha que conmemoró ayer en Washington la celebrada en 1963
Participantes de la marcha que conmemoró ayer en Washington la celebrada en 1963

Medio siglo después el eco de las palabras del pastor Martin Luther King Jr. todavía resuena en Washington. Ayer miles de personas se acercaron al monumento a Abraham Lincoln, el mismo lugar en el que King habló de su sueño de una sociedad en la que sus hijos «no serán juzgados por el color de su piel sino por su reputación». La organización desplegó fuertes medidas de seguridad para los accesos al monumento a Lincoln ante las estimaciones de que más de 100.000 personas participarían en los actos de esta jornada.

La conmemoración oficial tendrá lugar el próximo miércoles, fecha del discurso de King, en un acto en el mismo escenario, con las intervenciones del presidente Barack Obama y sus predecesores en la Casa Blanca, Jimmy Carter y Bill Clinton. Para muchos es un momento también de hacer balance del legado dejado por King, saber si Estados Unidos se ha deshecho del fantasma del racismo. Aparentemente, teniendo por primera vez en su historia un presidente negro podría pensarse que así es, pero ayer en las calles de Washington no fueron pocas las pancartas en las que aparecía el rostro del joven Trayvon Martin, un adolescente negro de 17 años que fue asesinado el año pasado en Florida por un vigilante voluntario, George Zimmerman, quien recientemente fue encontrado no culpable de la muerte del joven. Zimmerman demuestra que aquel discurso sigue siendo tan necesario hoy como hace cincuenta años.

En 1963, la cuestión de los derechos civiles se había convertido en uno de los principales temas de la agenda de asuntos internos del presidente John F. Kennedy. El país venía viviendo varios episodios con el problema social como principal preocupación. Los estados de Mississippi y Alabama habían iniciado un pulso con la Casa Blanca para seguir practicando políticas abiertamente racistas, con ciudades y pueblos en las que los contrarios a los derechos civiles incluso contaban con el violento apoyo del Ku Kux Klan. El caso más simbólico lo protagonizó James Meredith, quien en octubre de 1962 se convirtió en el primer estudiante afroamericano en entrar en la Universidad de Mississippi, hecho que provocó numerosos disturbios hasta el punto de obligar a Kennedy a enviar al Ejército. En Alabama, el gobernador George Wallace se opuso a la política de la Casa Blanca y proclamó en unas controvertidas declaraciones que era partidario de «segregación ahora y segregación siempre».

Ése era el ambiente que se vivía en Estados Unidos cuando se montó la marcha de organizaciones sindicales, religiosas y de derechos civiles, bajo el lema «Empleo, justicia y paz». Fue un acto que contó con todo tipo de apoyos por parte de aquellos que creían en un cambio en la sociedad estadounidense, aunque con alguna excepción como la de Malcolm X que denominó al acto como «la farsa sobre Washington». Desde ciudadanos anónimos de diferentes condiciones sociales y raciales o credos religiosos,pasando por estrellas de Hollywood como Marlon Brando, Paul Newman o Charlton Heston y nuevos iconos musicales como Bob Dylan y Joan Baez. Como escribía esta semana el pastor Jesse Jackson, la marcha era la culminación de un proceso que se había iniciado el 1 de diciembre de 1955 cuando Rosa Parks se negó a ceder el asiento a un blanco y moverse a la parte de atrás del autobús.

El acto de Washington sirvió para subrayar el papel de King como catalizador de un movimiento que pedía un cambio. Ya contaba con el apoyo del presidente y del fiscal general Robert F. Kennedy. Así lo demostraron las 250.000 personas que lo arroparon en aquella jornada, pidiendo, entre otros aspectos, el fin de la segregación racial en colegios, protección a los activistas por los derechos civiles o una legislación que acabara con la discriminación en el tema racial.

La firma, en 1964, de la Ley de los Derechos Civiles por parte del presidente Lyndon Johnson, así como la concesión ese año del Premio Nobel de la Paz a King parecía demostrar el apoyo interno y externo a la política de la no violencia emprendida por quien se calificaba como discípulo de Gandhi. Pero, en su propio país, surgieron los enemigos. El FBI de J. Edgar Hoover espió y conspiró contra King hasta el punto de sugerirle en una carta anónima que se suicidara por considerarlo «un fraude». La oposición del pastor a la guerra de Vietnam no hizo más que aumentar el acoso del FBI contra su figura, un proceso que culminó de manera trágica en abril de 1968 cuando fue asesinado en Memphis. Un día antes aseguró en su última intervención pública que había visto la tierra prometida y que «vendrán días difíciles, pero no me preocupan, porque he llegado a la cima del monte».

«Está trillado, Es un cliché»

El King Center, en Atlanta, permite consultar los papeles personales de Martin Luther King Jr. Entre ellos existen dos borradores del mítico discurso «Tengo un sueño», para muchos comparable al que Lincoln realizó en Gettysburg. Las dos versiones mecanoscritas de King muestran algunas variantes con lo que fue la intervención final en Washington, aunque sí conserva las líneas generales de las palabras que hoy conocemos. En este sentido, King mantuvo sus referencias a Lincoln, pero llama la atención que en el primer borrador la ausencia escrita de las palabras «tengo un sueño». El día antes, su asesor Wyatt Walker le aconsejó que no lo dijera porque «está trillado, es un cliché. Lo has usado demasiadas veces».