El atacante de Bruselas era conocido por delitos sexuales no por terrorismo

La Fiscalía federal belga ha confirmado que el presunto terrorista, que fue abatido por militares, es un marroquí de 36 años, conocido por delitos sexuales y drogas.

La Fiscalía federal belga ha confirmado que Oussama Zariouh, el presunto terrorista que fue abatido por militares, es un marroquí de 36 años, conocido por delitos sexuales y tráfico de drogas.

De nacionalidad marroquí, residente en Molenbeek y sin ningún grupo de apoyo que apunte a una célula yihadista. Éstas son las características del atacante abatido el martes que intentó cometer un atentado en la Estación Central, en pleno centro de la capital comunitaria. Según aseguró ayer la Fiscalía belga, el yihadista responde a las iniciales OZ –algunos medios apuntan a que su nombre era Oussama Zariouh– y no estaba bajo el radar de las autoridades del país en relación con posibles delitos de terrorismo. Pero sí tenía ficha policial. La alcaldesa de Molenbeek, François Schepmans, reconoció ayer que Zarouh tenía antecedentes policiales vinculados a las drogas y los delitos sexuales.

Las horas posteriores al ataque frustrado estuvieron caracterizadas por la falta de información oficial y los constantes rumores con datos contradictorios. Tras este desconcierto inicial, la Fiscalía federal belga confirmó ayer que el terrorista entró en la Estación Central sobre las 20:39. Después de acercarse a la zona de taquillas, se dirigió hacia los viajeros que se encontraban en la escalinata de la estación. Sobre las 20:44, el atacante provocó una pequeña explosión debido a las bombonas de gas y los clavos presentes en la maleta que llevaba en esos momentos, sin ocasionar ningún herido. Posteriormente, abandonó esta maleta en llamas y descendió a las vías del tren buscando a un jefe de estación. Durante este lapso de tiempo, la maleta volvió a explotar, esta vez de manera más violenta. El terrorista, de 36 años, volvió entonces a subir por la escalinata de la estación y se precipitó hacia uno de los militares que desde hace meses vigilan la ciudad. En esos momentos es cuando gritó ««Alá es grande» y fue alcanzado «varias veces» y abatido. El atacante no llevaba un cinturón de explosivos ni ninguna clase de arma, pero había cargado la maleta con clavos y bombonas de gas. Tras ser calificado el caso de «tentativa de asesinato terrorista» por la Fiscalía, su vivienda en Moleenbek, donde residía desde 2013, fue registrada por las Fuerzas de Seguridad que, según confirmaron después fuentes de la Fiscalía, encontraron material que indicaría que fabricó él mismo el explosvio y que era simpatizante del Estado Islámico.

Después de meses en los que el papel de las fuerzas policiales del país han sido puestas en la picota, ayer las autoridades se felicitaban de que «lo peor se había evitado». Tras una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, el primer ministro belga, Charles Michel, anunció medidas adicionales en aquellos lugares en los que se prevea «una gran presencia de personas». Entre ellos, el concierto de Coldplay previsto para la noche de ayer.

A pesar de la sensación de alivio tras este ataque abortado, el país más de un año después de la matanza perpetrada el 22 de marzo de 2016 se enfrenta de nuevo a los mismos fantasmas y el barrio de Molenbeek vuelve a estar tristemente ligado a la amenaza yihadista –los principales autores de las matanzas de París y Bruselas se criaron y radicalizaron en esta comuna bruselense–. Las autoridades anunciaron ayer un dispositivo especial con mayor presencia de los cuerpos de seguridad, aunque el nivel de alerta se mantuvo en el nivel tres de los cuatro posibles.