Internacional

El tirador de Virginia iba a ser despedido en unos días

Mató a doce personas antes de ser abatido

Mató a doce personas antes de ser abatido.

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Casi parece una plantilla. Alguien, en algún lugar de Estados Unidos, abre fuego y a la hora de levantar cadáveres los políticos, aturdidos, preguntan por el porqué de las cosas. Sucedió ayer en Virginia, donde un ingeniero de 40 años, DeWayne Craddock, empleado de la administración pública de la ciudad de Virginia Beach, en la Bahía de Chesapeake, sacó a pasear sus armas y disparó contra la gente que trabajaba en el complejo número del Centro Municipal. A su paso quedaron doce muertos, acribillados, e incontables heridos. Las escenas rematan un tiroteo contra la policía, en el que el pistolero fue abatido y uno de los valerosos agentes salvó la vida gracias al chaleco antibalas.

Craddock llevaba 15 años trabajando en el Departamento de Obras Públicas de la ciudad, no tenía antecededentes penales, pero, según varias fuentes locales, iba a ser despedido en días. Antes quiso y tuvo tiempo de vengarse. Poco después de las cuatro de la tarde entró en las oficinas armado con una pistola y un rifle –adquiridos legalmente– y se puso a disparar indiscriminadamente a sus compañeros. Sólo una de las víctimas no era funcionario.

Ante las cámaras de la CNN, el alcalde, Bobby Dyer, mostraba su estupefacción. «Sigo con una sensación de shock, de incredulidad. ¿Por qué sucedió esto?». «Queremos saberlo». Más allá de las causas, imponente, el reguero de cifras: aunque no está claro que entendemos por «mass shooting», o tiroteo de masas, y se hacen falta más de dos muertos en una misma acción, sin contar con el homicida, las listas más fiables hablan de 148 de estos tiroteos en los cinco primeros meses del año, con un total de 149 víctimas mortales y 585 heridos de bala.

El de Virginia Beach haría el número 21 en la macabra lista de los más sangrientos del país. Dato terrible, sin duda, pero muy lejos de los 58 muertos en Las Vegas en 2017, los 49 del bar de Orlando en 2016, los 33 de Virginia de 2007, los 26 del colegio de Sandy Hook, de los que para añadir horror sobre horror 20 eran niños de entre seis y siete años, cazados por el psicópata debajo de las mesas donde temblaban despavoridos.

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Con ocasión de alguna de las últimas tragedias la propia CNN elaboró un estudio donde comparaba los tiroteos en los colegios de EE UU con los del resto del mundo industrializado. La conclusión fue que, considerados como tales aquellos tiroteos en las aulas o campus con más de una víctima, sin incluir al criminal, Estados Unidos había sufrido 288 tiroteos de esta naturaleza en los últimos diez años por cico repartidos entre Canadá, Francia, Alemania, Japón, Italia y el Reino Unido.