Estado Islámico recluta un batallón de mujeres suicidas

Un grupo de mujeres de Estado Islámico en un entrenamiento con armas de combate
Un grupo de mujeres de Estado Islámico en un entrenamiento con armas de combate

La policía religiosa femenina creada por el grupo yihadista capta a viudas y prostitutas de Raqa que evitan así la lapidación.

El Estado Islámico está reclutando a mujeres para engrosar las filas de sus batallones de suicidas a la espera de una inminente ofensiva terrestre en Raqa, liderada por las fuerzas kurdas y milicias árabes aliadas de Estados Unidos en Siria. En los últimos meses, las fuerzas antiyihadistas han avanzado gradualmente hacia la capital del Estado Islámico (EI) con el apoyo de los ataques aéreos liderados por EE UU, capturando ciudades controladas por los radicales al norte y al este de Raqa. Esto, sumado a la reciente campaña de bombardeos franceses sobre Siria ha puesto en alerta a los combatientes del EI.

Al ver que las batallas se iban aproximando a su feudo en Siria, el EI ha empezado a defender uno de sus bastiones más importantes «cavando túneles, construyendo fosas en las entradas de la ciudad e introduciendo el elemento femenino directamente en la batalla», explica Abu Mohamed, activista de la plataforma «Raqa está siendo sacrificada en Silencio».

Según este activista, el temido batallón de Al Jansa, una especie de policía religiosa femenina del EI, formada en febrero de 2014, se encarga ahora del reclutamiento de mujeres para servir a la causa islamista. Las combatientes de Al Jansa son las más devotas y despiadadas, y son temidas entre la población civil, especialmente las mujeres, ya que hacen de chivo expiatorio del EI. La brigada Al Jansa también se encarga de buscar novias vírgenes para casarlas con los combatientes yihadistas.

Pero detrás de estas mujeres rectas musulmanas se esconde un pasado poco respetable. Precisamente, la mayoría de los miembros de esta policía religiosa femenina son ex prostitutas de Raqa que se unieron al EI para evitar ser castigadas con la lapidación. Las yihadistas de Al Jansa, que tienen ojos en cada rincón del Califato Islámico, visitan en sus casas a ex esposas y viudas de terroristas y las seducen para que sigan prestando sus servicios al grupo liderado de Abu Bakr Al Bagdadi. Generalmente, suelen acercarse a mujeres jóvenes, familiarizadas con el EI, que se han quedado solas y les hablan de «la necesidad de involucrar a las mujeres en las batallas para proteger Raqa de un ataque inminente, y que la defensa de la ciudad es el deber de todos», señala Abu Mohamed. Pero la oferta que les hacen no es la de coger un fusil kalashnikov para luchar y defender la ciudad sino la de convertirse en mártires a través del suicidio.

Abu Mohamed explica que una egipcia, viuda de un yihadista, se acercó a una miembro de Al Jansa para ofrecerse como esposa de otro combatiente del EI y ésta le dijo: «Estoy segura de que echas de menos a tu marido. ¿Qué te parece hacer una operación suicida y reencontrarte con tu esposo en el cielo? Te convertirás en una mártir, nosotros te entrenaremos para que sepas cómo tienes que hacerlo y te daremos el dinero que quieras».

El Corán no asigna una función específica a las mujeres en la yihad o guerra santa. «Su sagrado papel es dar a luz a los hijos de los muyahidines [guerreros santos], criarlos y enseñarles para que sigan perpetuando la estirpe de los muhayidines», asegura a LA RAZÓN el coronel retirado Nizar Abdelkader. «El papel activo de la mujer en la yihad es un fenómeno nuevo que se está produciendo en Siria e Irak», advierte el experto libanés. «Reclutar a mujeres para misiones suicidas es algo que sólo el EI está haciendo. Nunca antes había ocurrido en Siria», insiste Abdelkader. Según el analista, el EI está empezando a usar a mujeres suicidas en sus operaciones porque «los enemigos del EI nunca esperan que una mujer vaya a inmolarse». A juicio de Abdelkader, el hecho de que el EI recurra a mujeres y niños en misiones suicidas es «un síntoma de que no tiene suficientes escuadrones suicidas y le está resultando difícil reclutar a nuevos combatientes yihadistas para este tipo de operaciones».

El perfil de la mujer yihadista se repite. «Son chicas jóvenes que han sido ofrecidas como esposas de combatientes del EI, como medio de salvación de una vida de pobreza y necesidad. Pero después de unos meses las han cambiado por otras mujeres», explica el experto. «Se sienten solas; han perdido su estatus social. Entonces, son captadas de nuevo por miembros de Al Jansa, quienes les garantizan que el EI va a cuidar de su familia y les ofrecen grandes sumas de dinero antes de llevar a cabo la operación suicida como garantía», concluye Abdelkader. Otra duda que surge es si el modelo podría extenderse a otros países, o trasladar la amenaza a los países occidentales. Esta semana, la Policía francesa detuvo en Montpellier a una joven de 23 años que había comprado una prótesis para simular un embarazo que podría servir para esconder explosivos.

El gran problema al que se enfrentan estas mujeres yihadistas es que cuando se dan cuenta y quieren salirse de la organización terrorista es demasiado tarde. A partir de ese momento sólo pueden intentar huir y si resultan capturadas son condenadas a morir. Éste ha sido el destino de la austriaca Samra Kesinovic, de 17 años, que viajó a Siria en 2014 junto a su amiga Sabina Selimovic, de 15, para unirse al EI. Según han informado varios medios internacionales, Kesinovic habría muerto tras ser linchada por yihadistas cuando intentaba escapar. Las dos jóvenes, cubiertas de negro de los pies a la cabeza y portando un kalashnikov, se convirtieron en la imagen de propaganda del EI para captar a otras mujeres occidentales y animarlas a ser esposas de yihadistas. Se cree que Selimovic, la otra adolescente austriaca, murió en un bombardeo a finales de 2014.