Kyriakos Mitsotakis, un neoliberal con pedigrí para modernizar el país

Cuando Kyriakos Mitsotakis (Atenas, 1968) tomó el control del partido conservador Nueva Democracia (ND) tras las primarias celebradas en enero de 2016, la que ha sido la fuerza dominante de la derecha desde el fin de la dictadura estaba en desbandada, dividida entre muchas y poderosas familias y tendencias y con una alarmante fuga de votos hacia el centro, los ultranacionalistas y la extrema derecha. Su anterior líder, Evangelos Meimarakis, representaba el viejo orden, y el joven Mitsotakis venía para instaurar un nuevo orden. Syriza acababa de ganar las elecciones con una mayoría amplia, y su alianza antiausteridad con un ex de ND, Panos Kammenos, que había formado el partido Griegos Independientes, parecía sólida.

En ese momento se auguraba una larga travesía por el desierto para el elegido. Todavía con el recuerdo reciente entre los griegos del Gobierno de Samarás, con una severa austeridad, los conservadores perdieron los comicios de enero y julio, además del referéndum de Alexis Tsipras contra las medidas de la Troika.

Kyriakos lo tenía todo en contra, y no sólo fuera del partido. Dentro, y a pesar de pertenecer a una de las familias con más raigambre en la vida política griega, junto a los Papandréu (socialistas) y los Karamanlís (conservadores), no había sido el favorito ni mucho menos para ganar esas primarias. Su perfil liberal era algo poco visto en un partido acostumbrado a los conservadores tradicionales como Meimarakis o a los recientes «halcones» como Samaras.

Pero la política era algo que latía fuerte dentro de Kyriakos, algo innato marcado en su ADN, así como un destino: su padre fue primer ministro, su hermana ha desempeñado cargos ministeriales, su sobrino es actualmente el alcade de Atenas... Él es diputado desde 2004, un puesto al que llegó tras un largo periplo que empieza con el exilio junto a su familia por la dictadura, sigue con sus estudios en Harvard y Stanford y termina con sus años de trabajo en la banca de inversión.

Entre 2013 y 2015 fue ministro de Reforma Administrativa y Gobierno Electrónico, su primer cargo importante, pero su último trayecto político ha estado muy ligado al hombre al que ha derrotado, Alexis Tsipras. Como portavoz de Nueva Democracia fue el encargado de hostigar a Yanis Varoufakis como ministro de Finanzas, y al Gobierno de Tsipras. Eso no le impidió votar a favor de la ley de unión de personas del mismo sexo, un movimiento criticado dentro de su propio partido, que no obstante ha ido, con el tiempo, adaptándose a sus riendas. Sobre todo mientras las encuestas volvieron a poner a Nueva Democracia con ventaja con cada vez menos exabruptos –que alimentaban a la extrema derecha– y cada vez más propuestas económicas, que han marcado su liderazgo. Mitsotakis se ha dedicado a pedir constantemente elecciones anticipadas sabiendo que las podía ganar, aunque conforme se retrasaban más opciones tenía de borrar a Tsipras de la ecuación.

Ha prometido a modernizar el país, con una burocracia paralizadora, adaptando el mercado laboral y reformando la educación. Todo ello apelando a la clase media –prometiendo bajar los impuestos– sin enardecer a los votantes de izquierda, que aunque lo ven como un neoliberal, tampoco tan peligroso como para no buscar una salida a Tsipras.