La hora de la verdad para Hillary y Trump

La carrera por la Casa Blanca no ha hecho más que empezar. Y nadie duda de que será una de las más feroces y sucias de los últimos tiempos

La carrera por la Casa Blanca no ha hecho más que empezar. Y nadie duda de que será una de las más feroces y sucias de los últimos tiempos

¿Y ahora qué? Quedan apenas 101 días para las elecciones de Estados Unidos y los analistas no albergan la menor duda de que la contienda entre la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump será una de las más agresivas y polarizadas en la historia reciente del país. Tras las convenciones nacionales de los dos partidos, ha quedado claro que los republicanos siguen divididos ante un candidato atípico que ha roto las reglas del juego. En cambio, los demócratas han sabido sacar partido de la rebelión del izquierdista Bernie Sanders, quien finalmente decidió apoyar a Clinton. «Vuestra causa es nuestra causa: nuestro país necesita vuestras ideas, vuestra energía y vuestra pasión», dijo Clinton en su discurso a los seguidores de Sanders. La ex secretaria de Estado se embarcó ayer en una gira por regiones del país fundamentales para llegar a la Casa Blanca, como son Pensilvania y Ohio, con mayoría de votantes hombres y blancos, el perfil más cercano a Trump. El republicano no perdió el tiempo y utilizó Twitter –su medio favorito para comunicarse con los votantes– para cargar contra la candidata demócrata: «Vive en un universo de fantasía», afirmó, mientras Clinton defendía que «no se pueden confiar armas nucleares a un hombre que se pica con un tuit».

Hillary Clinton

Con (casi) todo para ganar

Aunque no gane en noviembre, Hillary Clinton ya ha hecho historia al ser la primera mujer nominada a la Casa Blanca. Pero la ex secretaria de Estado, tras haberse caído de la carrera presidencial en 2008, no quiere perder la última oportunidad de gobernar el país más poderoso de la tierra.

Puntos fuertes

Las minorías la quieren. Cuenta con el apoyo del voto hispano, el afroamericano y el de los jóvenes, los mismos que dieron al presidente Obama la presidencia en dos ocasiones. También parte, a priori, con ventaja en el segmento de las mujeres, sobre todo tras los insultos que les ha lanzado Trump.

Experta en seguridad. Ex jefa de la diplomacia, senadora de Nueva York... El propio presidente Obama reconoce que Hillary Clinton hace los deberes y que es una persona disciplinada, dedicada por entero al trabajo. Tras los últimos atentados, ha demostrado ser una persona comedida, como lo haría un comandante en jefe, al contrario que Donald Trump, que se ha lanzado a hacer comentarios inapropiados en Twitter.

Wall Street. Si la tradición sirve de guía, será Hillary Clinton la candidata que llegue a la Casa Blanca. Generalmente, el poder económico de EE UU opta por el candidato ganador. La gran mayoría de las donaciones de los ejecutivos de Wall Street van para ella. En la Bolsa no gusta Donald Trump, simplemente porque no confían en el comportamiento errático e impredecible del magnate.

Puntos débiles

No llega a la gente. Se sabe las leyes de memoria, las fechas, los datos. En cambio, Hillary Clinton carece de ese halo presidencial que sí tiene el presidente Obama. Tampoco tiene el carisma de Bill Clinton o, incluso, el del republicano George W. Bush, de quien, gustasen sus políticas o no, la mayoría de los estadounidenses opina en una famosa encuesta que, entre todos los líderes de Estados Unidos, sería él con quien se querrían tomar una cerveza.

Falta de confianza. Ha visto demasiado. Y sabe demasiado. A veces se le escapa: «No puedo cambiar Washington, pero sí sé cómo trabajar con Washington». Y esa verdad en política estadounidense está mal vista. Por eso la gente no se fía de ella. Incluso todavía muchos no le perdonan que no abandonase a Bill tras el escándalo de Monica Lewinsky.

El legado de Obama. Con ella está en juego el legado del actual presidente y el de su marido, Bill Clinton. Esto le perjudica debido a que una parte importante de la población considera que Obama es uno de los peores presidentes. Ella ha sido la cara del país durante la primera legislatura de Obama en el exterior de EE UU.

Donald Trump

El candidato más odiado

Sus rivales no ahorran epítetos. A Trump le han llamado xenófobo, estafador y delincuente. Este empresario de la construcción, que creó su imperio con un millón de dólares heredado de su padre, promete cambiar Estados Unidos si gana en noviembre. Lo suyo ha sido transformar las debilidades en fortalezas. Aquí van algunas.

Puntos fuertes

Los desencantados le quieren. Los votantes varones y blancos, que constituyen el grueso de la población que tradicionalmente ha acudido a las urnas, están con él. Trump atrae especialmente al segmento de la clase trabajadora que ha perdido sus trabajos y ha visto reducidos sus salarios por la deslocalización de la industria a otros países.

Carisma. Da igual lo que diga. Sea verdad o no. Sus mensajes cortos han calado entre los votantes. Por ello, apenas ha necesitado gastarse dinero de su campaña en anuncios en los medios de comunicación. Rompió la tradición de tener que acudir a un plató de televisión para conceder entrevistas. Trump las hacía todas por teléfono.

Autenticidad. Dice lo que piensa, y piensa lo que dice. Por ello, ha conseguido convertirse en el candidato republicano después de una dura batalla en las primarias republicanas, en las que han caído más de diez aspirantes. Nadie creía capaz a Trump de llegar hasta aquí. El más sorprendido es él. Pudo con los candidatos del «establishment» del partido, incluido Jeb Bush, hermano e hijo de presidentes.

Puntos débiles

Escaso apoyo en su partido. Donald Trump dice que es un candidato anti «establishment», que critica abiertamente incluso a los de su partido. Este atributo ha sido precisamente lo que le ha hecho ganar las elecciones primarias de su partido. Tanto sus ideas como sus ataques le han dejado casi solo entre los republicanos. Si Trump gana, ¿cómo va a trabajar con un Congreso de mayoría republicana contra el que ha cargado en diferentes ocasiones?

Imprevisible. Ha pedido a Rusia que se infiltre en los correos electrónicos de Hillary Clinton. El fuerte de Donald Trump como candidato de campaña –como rey de los medios de comunicación–, sería un serio problema si se convirtiera en comandante en jefe de Estados Unidos, ya que recibiría a diario información de inteligencia extremadamente sensible. ¿Qué uso haría de ese material?

El Estado no es una empresa. Ha prometido gestionar el país como lo haría con una de sus empresas, muchas de las cuales, sin embargo, han ido a la bancarrota. Quiere contratar a los mejores consejeros delegados, pero olvida que el Estado nunca tiene como prioridad el beneficio económico.