La incógnita militar iraní

Las fuerzas armadas de la República de Irán son de las más potentes del mundo. La cuestión a dilucidar es cuánto hay de propaganda y cuánto de realidad en los publicitados productos de la industria militar de los ayatolás.

Las fuerzas armadas de la República de Irán son de las más potentes del mundo. La cuestión a dilucidar es cuánto hay de propaganda y cuánto de realidad en los publicitados productos de la industria militar de los ayatolás.

El último desfile militar celebrado en Teherán el pasado mes de julio demostró que algunos de los viejos aviones que Washington proporcionó al Shá en la década de los 70 del pasado siglo aún vuelan. Son los famosos «Tomcat», armados con misiles aire-aire de largo alcance, y uno de los radares más eficaces de la época. También se vieron «Phanton», algunos «F-5» y un flamante caza de producción propia, denominado «Kowsar», pero que los expertos occidentales consideran una mera copia actualizada del «F-5», y algunos «MIG» iraquíes de los que buscaron refugio en su territorio durante la primera Guerra del Golfo. Irán, sometido a embargo desde hace décadas, ha tenido que ingeniárselas para mantener operativa su escasa Fuerza Aérea. Ha recurrido a la «canibalización» de piezas de repuesto de otros aviones, a la llamada «ingeniería inversa», que copia productos manufacturados; a la mezcla de tecnologías, rusa y norteamericana, para suplir el armamento que ya no puede adquirir, y, también, al contrabando. Que con ello haya conseguido lo imposible, que aparatos con más de 50 años surquen los cielos, es evidente.

Que sea una fuerza operacional eficaz, no parece creíble. El otro brazo estratégico, los misiles balísticos, no presentan el mismo problema de obsolescencia, aunque la mayoría de los sistemas son derivados de los viejos SCUD-B rusos, diseñados al principio de la Guerra Fría. Otros modelos, como el «Quian», con 650 kilómetros de alcance, sí han demostrado que funcionan, al menos, en ausencia de defensa aérea enemiga, cuando el régimen de Teherán lanzó una docena de ellos sobre posiciones islamistas en el norte de Siria. La duda estriba en si serán capaces de superar los sistemas antimisiles de Estados Unidos y de Israel.

El armamento terrestre pesado, con muchos carros de combate de origen norteamericano, técnicamente superados, y materiales rusos y de fabricación propia más moderna, no sería determinante en un ambiente de enorme superioridad aérea norteamericana. Irán puede poner más de medio millón de hombres y mujeres sobre el campo de batalla. Las unidades de la Guardia Revolucionaria, con más de cien mil milicianos, han demostrado su pericia en combate irregular. Su valentía y capacidad de sacrificio, incluso entre los iraníes que no comulgan con el régimen, no deberían ponerse en duda.