La reconciliación palestina

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, aceptó ayer la dimisión del primer ministro palestino, Rami Hamdala, desembocando en el inicio de negociaciones para formar un nuevo Gobierno.

Hamdala declaró a la agencia de noticias palestina Wafa que “los miembros del Gobierno de Reconciliación Nacional expresaron su confianza en el éxito de los esfuerzos para formar un nuevo Ejecutivo que asuma las preocupaciones” del pueblo palestino y que “complete el camino para restaurar la unidad nacional” y, de esta forma, poner fin a la división interna que impide el desarrollo de la sociedad. Así, Hamdala seguirá al frente de la Administración, tal y como le sugirió Abas, hasta que se consolidé un nuevo gobierno que abra el camino hacia unas elecciones parlamentarias, previstas para este año, que incorpore a todos los partidos integrados en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), incluyendo el partido extremista, considerado como organización terrorista, Hamás.

La dimisión de Hamdala surge a raíz del fracaso del grupo independiente designado por su gabinete, cuya tarea principal era estrechar lazos con Hamas, quien controla la Franja de Gaza desde hace 11 años.

Dicho grupo fue cobrando cada vez más iniciativa e instó al Gobierno de Hamdala, capital administrativa palestina en Cisjordania, a establecer unos ajustes económicos para superar una creciente recesión, en especial, en la Franja de Gaza cuya economía está al borde del precipicio.

El motivo de la disonancia se debió a la implantación de esas nuevas medidas económicas. Así, se implantó una nueva Ley de Seguridad Social basada en el recorte de salarios de los funcionarios y empresas en un 7,2%, destinados a un fondo de seguridad social que ayudase a mejorar una sanidad con una enrome carencia de medicinas y equipos médicos; la reducción del suministro de energía eléctrica y fijar la edad nacional de jubilación, tanto para hombres como para mujeres, a los 60 años.

Con estas medidas, una ola de protestas sacudió al Gobierno a lo largo de los meses anteriores y obligó a Abás a presentar ayer un decreto que eliminase la impopular norma de cotización. Su eliminación fue el empuje que sacó a Hamdala de su cargo y acrecentó aún más la brecha entre Al-Fatah y Hamas.

Ambas facciones palestinas pactaron a finales de 2017, con mediación de Egipto, un acuerdo de reconciliación nacional, en el que Hamas decidía el control de la Franja de Gaza a Abas con la condición de convocar elecciones. Pero las medidas nunca llegaron a implantarse.

Así, Abbas se enfrenta a la difícil tarea de formar un nuevo Gobierno que, según el informe emitido por el medio palestino al Quds revela que Al Fatah está enfrentando dificultades a la hora de enfrentar dicha tarea. Estas complicaciones se deben a las conversaciones indirectas que tuvo Hamas con Israel para llegar a una tregua tras tres guerras y diez meses de violentas protestas que, hoy en día, siguen vigentes en la Franja de Gaza.

Estas charlas, sumado a la intermediación de Naciones Unidas, Rusia y Egipto y las multimillonarias donaciones de Qatar, han despertado incertidumbre en Abas, al ver la posibilidad de crear un Estado palestino en el que Gaza quede fuera de sus dominios.

Por tanto, las negociaciones seguirán la senda de la contrariedad, en la que Hamás ya mostró su negativa de ir a la convocatoria rusa el próximo 13 de febrero, idea con la que el presidente ruso Vladimir Putin intentará acercar a todas las facciones políticas palestinas invitadas.

Mientras no exista consenso y unión entre los palestinos, difícilmente se reanudarán las negociaciones con Israel, estancadas en 2014, para lograr un acuerdo de paz que ponga fin a uno de los focos de tensión más amplios en Oriente Medio.