Túnez

La revolución tunecina se hace añicos

La crisis política se agrava ante el rechazo del partido Ennahda para formar un Gobierno con tecnócratas

Un hombre llora en Túnez, ayer, ante una pancarta con la foto del lider opositor asesinado
Un hombre llora en Túnez, ayer, ante una pancarta con la foto del lider opositor asesinadolarazon

El asesinato del líder opositor izquierdista Shukri Belaid ha hecho estallar todas las tensiones políticas latentes en Túnez desde hace tiempo, acrecentadas por la frustración y el descontento dos años después de la revolución.

El asesinato del líder opositor izquierdista Shukri Belaid ha hecho estallar todas las tensiones políticas latentes en Túnez desde hace tiempo, acrecentadas por la frustración y el descontento dos años después de la revolución.

El país que dio comienzo a la Primavera Árabe y que ha sido el modelo de una transición a la democracia relativamente pacífica y exitosa –comparada con la de sus vecinos del norte de África–, se ve ahora fracturado por la división entre islamistas y laicos, entre el Gobierno y la oposición.

El partido gobernante, Ennahda, rechazaba ayer la solución planteada por el primer ministro, Hamadi Yebali, para calmar los ánimos de la oposición y de la calle, que el día anterior acusaron directamente al Gobierno islamista de no haber evitado la muerte de Belaid. Aún se desconoce quién le asesinó disparándole a la salida de su casa en la capital tunecina el miércoles por la mañana, pero la familia del histórico líder opositor, así como su partido, responsabilizaron al Ejecutivo por dejar que los extremistas actúen en las calles con libertad e impunidad.

Asumiendo parte de esa responsabilidad y culpa, Yebali prometió el mismo miércoles por la noche disolver el Gobierno y formar uno de tecnócratas para guiar el país en estos momento tan delicados. Pero su partido se niega a abandonar el poder, a costa de sumir al país en una crisis profunda y prolongada, con inestabilidad institucional y estallidos de violencia cíclica en las calles, como ocurre en Egipto.

La negativa de Ennahda también revela que las divisiones no son sólo entre el partido y sus oponentes, sino que existen conflictos internos en las filas islamistas, entre los más moderados y dispuestos a dialogar con las demás fuerzas políticas –como Yebali–, y aquellos que se aferran a una legitimidad ganada en las urnas con un estrecho margen y que prometen mantener hasta la próxima cita electoral. El partido estaría dispuesto a cambiar a algunos ministros, pero siempre y cuando mantenga su mayoría, y el Gabinete sea político, no técnico. Los partidos de la oposición dieron la bienvenida al gesto conciliador de Yebali y se dijeron dispuestos a entablar negociaciones con el Gobierno, pero tras la negativa de Ennahda, confirmaban la ya anunciada jornada de huelga general para hoy. El principal y potente sindicato tunecino, la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), convocó la huelga en protesta por el asesinato de Shukri Belaid y advirtió de que este crimen «abre la vía al asesinato de políticos en un intento de silenciar el espíritu civil libre». A pesar de que el parón será más bien simbólico, ya que el viernes es día no laborable en Túnez, es una declaración de guerra al Gobierno y una llamada a bajar a la calle de forma masiva. Hoy está previsto que se celebre el funeral de Belaid, que atraerá a sus seguidores, así como a políticos opositores y activistas que han estado sufriendo ataques y amenazas en los últimos tiempos.

En un comunicado emitido ayer, la propia central sindical denunció y responsabilizó al Gobierno de la «propagación de la violencia política y social, de encubrir a los criminales y de no perseguir los crímenes contra la organización UGTT, los partidos y la sociedad civil».

El asesinato de Belaid no expone sólo un problema político sino los fallos de la transición, como la falta de reforma de las Fuerzas de Seguridad –pilar fundamental del régimen del ex presidente Ben Ali–, que todavía no están bajo el control del Gobierno interino, y conservan sus métodos brutales. La Policía tunecina respondió por segundo día consecutivo con gases lacrimógenos y pelotas de goma a las protestas que se desencadenaron ayer y el miércoles, poco tiempo después de que se difundiera la noticia de la muerte del opositor, y un agente falleció como consecuencia de una pedrada que recibió en el pecho durante los enfrentamientos con los manifestantes en el centro de la capital. Ayer, varios miles de personas se manifestaron frente al Ministerio del Interior, pero se espera que la convocatoria prevista para hoy en honor de Belaid y en contra del Gobierno sea multitudinaria. En los dos últimos días se registraron incidentes en distintos puntos del país y se prevé que los ánimos se incendien en el viernes de oración y de protesta, como no podía ser de otra forma.