Le Pen corteja a la extrema izquierda en sus feudos

La candidata ultraderechista seduce a los tres millones de insumisos que se niegan a votar por Macron con un discurso duro contra Bruselas y el continuismo de Hollande.

Simpatizantes del izquierdista Jean-Luc Mélenchon celebraron en la sede del partido el  pasado 23 los buenos resultados del izquierdista
Simpatizantes del izquierdista Jean-Luc Mélenchon celebraron en la sede del partido el pasado 23 los buenos resultados del izquierdista

LA RAZÓN visita el barrio de Belleville, feudo del izquierdista Mélenchon, para saber cómo votará en la segunda vuelta.

¡Ni Le Pen ni Macron, voto en blanco o abstención!», dice una octavilla pegada en una pared en el parisino barrio de Belleville, territorio con tradición de izquierda. Queda una semana para la segunda vuelta presidencial, y en este barrio del este de la capital siguen observándose los trazos de propaganada de Jean-Luc Mélenchon y de su movimiento, la Francia Insumisa, que quedó apeado de la carrera por el Elíseo pese a obtener unos magníficos resultados históricos. Encontramos a Luc, funcionario de 32 años, haciendo sus compras en las múltiples tiendas multiculturales del centro del barrio. Aquí se mezclan comercios asiáticos, árabes y algún que otro latino. «Votaré en blanco. Destesto a Le Pen, pero Macron es parte del sistema que ha reforzado a la ultraderecha en Francia», asegura este joven que lleva viviendo un par de años en Belleville, muy cerca del parque donde una delegación de Podemos liderada por Pablo Iglesias dio apoyo a Mélenchon en su último mitin de campaña. «Sé que estuvo aquí la semana pasada (Iglesias) y me quedé con ganas de verlo. En el fondo, Francia Insumisa y Podemos tienen mucho en común y alumbran algo nuevo. Macron, aunque se disfrace, no es nada nuevo, es parte de lo mismo que lleva gobernando el país desde hace tiempo».

Para Luc, ya no vale la reedición del bloque republicano contra el Frente Nacional que en 2002 frenó con solvencia (más del 80% a Jean-Marie Le Pen. «Siempre nos piden ese voto de freno, pero mientras ellos siguen alimentando al monstruo con sus políticas liberales. Llega un momento que hay que plantarse», afirma serio y convencido de que no es su voto en blanco lo que puede provocar que la ultraderecha llegue al poder sino «el hartazgo». En una situación parecida a la de Luc se encuentran casi uno de cada tres votantes de los que apoyaron la izquierda radical en la primera vuelta. Un 31% que votó nulo, en blanco o se abstendrá. Rechazan a Le Pen pero también todo lo que simboliza Macron. «Es más de lo mismo, liberalismo», explica Natalia, estudiante universitaria de 22 años y padres colombianos. Ella también apoyó a Mélenchon en la primera vuelta y el domingo se quedará en casa. «Macron no me motiva nada», sentencia. Tampoco ella se siente responsable de que Le Pen pueda llegar al poder. «Hay amigos míos que me acusan de eso, pero yo no lo encuentro irresponsable». Pero los casos de Luc y Natalia no son mayoritarios en este barrio del distrito 20 de la capital en el que la izquierda radical ganó la primera vuelta con un 31,8%. «Me tragaré el sapo de Macron porque creo que lo peor sin duda es el FN», dice Boris, que votó en su caso por el socialista Benoît Hamon y trabaja en un café de la plaza principal de Belleville. «Mi entorno es de izquierdas, como lo es casi todo este barrio. Algunos se abstendrán, pero la mayoría votará contra Le Pen, vamos, ejercerán un voto por Macron pero sin que sea de adhesión ni ningún tipo de cheque en blanco».

En la situación de Boris está la mayoría de izquierdistas, como Charlie, técnico de sonido de la radio pública de 42 años: «Votaré por Macron con la pinza en la nariz porque no me convence su perfil de manager a la americana. El FN lleva 30 años metiendo a la gente ideas asquerosas. Mis padres son extranjeros y claro que tengo inquietud por que pueda ganar (Le Pen)». Charlie votó por Jean-Luc Mélenchon en la primera vuelta y tiene claro como «la mayoría» de su entorno, que plantará cara a Le Pen con un voto crítico por Macron. Pero existen diferencias y la demoscópica, que no se equivocó en la primera vuelta, lo muestra. Mientras que más del 90% de los socialistas votarán por Macron, esa porcentaje baja hasta el 41% cuando se trata de los de Mélenchon. En esa mitad del voto de la extrema izquierda que no quiere votar por Macron bajo ninguna circunstancia es donde Le Pen quiere atacar para rascar puntos. Se trata de un nicho de más de tres millones de votos que puede ser decisivo y al que la líder ultraderechista ha comenzado a bombardear a mensajes que subrayan los puntos en común entre su programa y el de la izquierda radical, bien es cierto que obviando las diferencias. Le Pen corteja a los insumisos con un discurso duro contra Bruselas, subrayando la importancia de tener soberanía monetaria y sólidas políticas sociales. «Pongamos nuestras divergencias de lado. No es posible dejarle a Macron, que representa la continuidad o el agravamiento de la legislatura del presidente Hollande, los mandos de Francia», asevera la candidata en uno de sus vídeos en redes sociales. El porcentaje de votantes de la extrema izquierda que se adhieran a ese mensaje o que se abstengan el domingo pueden ser la clave del futuro de Francia, y por ende, de Europa.