Política

Los aviones de Asad arrasan el bastión rebelde sirio

El régimen mata a otros 300 civiles, entre ellos 87 menores, en ocho días de brutal ofensiva

Vista de varios edificios destruidos en Alepo.
Vista de varios edificios destruidos en Alepo.

A menos de un mes de celebrarse la Conferencia de Ginebra II (previsiblemente tendrá lugar el próximo 22 de enero), el régimen de Bachar al Asad ha orquestado el ataque más sangriento hasta el momento contra la oposición en la ciudad de Alepo, al noroeste de Siria. Es estos últimos ocho días, al menos 301 personas, entre ellos 30 mujeres y 87 menores de edad, han fallecido a causa de bombarderos del régimen, según informó ayer Ramy Abderrahman, director del Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Desde el pasado verano, cuando los rebeldes consiguieron hacerse con el control del centro y este de Alepo, el Ejército sirio se fijó como prioridad reducir a los combatientes insurgentes de la zona a cualquier precio y así poder dominar la costa mediterránea del país, un enclave estratégico para salir victorioso de la guerra civil que asola Siria desde hace dos años. Así, los hombres de Asad comenzaron una serie de ataques con barriles de explosivos que esta semana han llegado a su clímax. Desde aviones militares y helicópteros los militares han bombardeado de manera continuada y aleatoria diversos barrios de la ciudad más grande de Siria. Así, al menos 43 personas, seis de ellas menores, perdieron la vida en el barrio de Masaken Hanano, al igual que en Ahmaidya y Al Haidariya. «Las fuerzas aéreas sirias son criminalmente incompetentes, no les importa si en sus ataques matan a civiles o a combatientes rebeldes», aseguró Ole Solvang, investigador de Human Rights Watch, quien explicó que los proyectiles lanzados desde el aire por parte del régimen son sencillos contenedores cilíndricos rellenos de artillería. El Ejército suelta estos barriles desde gran altura para así evitar se alcanzados por fuego rebelde. Su capacidad de destrucción y el radio de impacto son enormes. Tanto es así, que además de destruir edificios enteros (escuelas, hospitales...) dejan daños irreparables en las carreteras lo que dificulta el acceso de la ayuda humanitaria.

La condena internacional a esta masacre ha sido unánime. Desde Londres, el ministro de Exteriores, William Hague, describió lo sucedido como el «uso brutal e indiscriminado». Aun así, insistió en que la Conferencia de Ginebra «es la única manera de poner fin al conflicto y de asegurar que el presidente Asad no tenga ningún papel en el futuro de Siria». Desde España, el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación emitió un comunicado para reiterar «el apoyo a los esfuerzos que se están llevando a cabo a nivel internacional y, que, encabezados por Naciones Unidas y la Liga Árabe, tratan de que se alcance mediante una nueva conferencia en Ginebra, una solución política que ponga fin al derramamiento de sangre», añadió el Ministerio español. Precisamente, el poder de Asad se ha consolidado desde que la comunidad internacional decidiera no intervenir en el conflicto sirio a cambio de que el régimen aceptara destruir su arsenal químico. Su dominio ha crecido en los últimos meses y de ahí que pocos vean la Conferencia de Ginebra como una solución eficaz para atajar el conflicto. Mientras sigue sin conocerse quiénes acudirán a la cita y continúan las luchas de intereses por la participación de algunos países como Irán, ayer el consejo general de la Coalición Nacional para las Fuerzas de la Revolución y la Oposición Siria (Cenfros), la fuerza opositora en el exilio reconocida por la comunidad internacional, confirmó que decidirá su participación en la cumbre suiza tras un encuentro que tendrán sus representantes el próximo 7 de enero en Estambul. «Si no vemos avances de la situación en Siria no consideramos que hay ningún motivo para sentarse en la mesa de negociaciones», explicó su presidente Ahmed Yarba, quien insistió en la necesidad de acabar con el derramamiento de sangre antes de comenzar a negociar.

Aunque las fuerzas del régimen han sido las que han protagonizado los ataques más violentos esta semana, los rebeldes tampoco cesan en su ofensiva. De hecho también han lanzado varias bombas en zonas civiles en Alepo controladas por el Gobierno, según explicaron desde Human Rights Watch. Por otra parte, las ciudades de Derá, Homs y Damasco han sufrido estos días importantes atentados rebeldes. En las últimas horas, la amalgama insurgente, rechazada por gran parte de Occidente debido a la presencia de yihadistas en sus filas, ha acabado con la vida de una treintena de civiles, entre ellos nueve menores. Según la agencia de noticias siria Sana, la explosión más importante tuvo lugar en la localidad de Derá cerca de la iglesia de Al Bishara, donde varios proyectiles de mortero mataron a 12 civiles. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, desde 2011 han perdido la vida más de 125.000 personas. Cifra a la que hay que sumar los más de dos millones de refugiados internos y externos.

«Occidente actúa con un doble rasero»

El presidente Asad recibió ayer a una delegación australiana de activistas y personalidades académicas liderada por Tim Anderson (en la imagen) a los que expuso su visión particular de la guerra siria. «Lo que está sucediendo aquí tiene repercusión internacional por la mentalidad extremista a la que nos enfrentamos y que es una pandemia que puede golpear cualquier lugar en cualquier momento». También disparó sobre Occidente al asegurar que «algunos políticos se comportan con doble rasero y en función de sus intereses sin comprender la realidad y la naturaleza de lo que está ocurriendo aquí». Precisamente desde Europa se anunció ayer un nuevo paquete de ayudas de 30 millones de euros para las víctimas del conflicto, que se suman a los 960 millones que la Unión Europea ha facilitado desde 2011.