Internacional

Los terroristas urdieron el ataque de Normandía a través de Telegram

Los yihadistas Kermiche y Petitjean se conocieron tan sólo cuatro días antes del brutal atentado contra una iglesia al norte de Francia

Cuatro días fueron suficientes para los yihadistas Kermiche y Petitjean: ésa ha sido la cuestión a la que no paran de dar vueltas los investigadores desde el 26 de julio: cómo Adel Kermiche, de Normandía, y Abdel Malick Petitjean, de Saboya, se reunieron para preparar el atentado en la iglesia de Saint-Etienne-du-Rouvray.

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Según informaciones confirmadas por la subdirección antiterrorista de París, los dos jóvenes de 19 años, terroristas del Estado Islámico (EI), se conocían desde el pasado 22 de julio: tan sólo cuatro días antes del mortífero ataque. Trabaron contacto a través del servicio de mensajería cifrada Telegram. ¿Fue seducido Adel Kermiche por el vídeo subido en esa misma red por Petitjean? ¿El mismo vídeo en el que este vecino de Aix-les-Bains jura lealtad al EI y ordena a todos los miembros de la organización terrorista atacar contra Francia? En dicha grabación, Petitjean declaraba: «No necesitáis algo grande, un cuchillo es suficiente».

El primo de Abdel Malick Petitjean fue ayer puesto a disposición judicial al ser imputado por un juez antiterrorista, mientras que un refugiado sirio que se encontraba detenido ha sido puesto en libertad. Farid K., de 30 años, «tenía perfecto conocimiento, aunque no de un lugar y de una fecha específicos, de la inminencia de un plan de acción violenta perpetrado por su primo», según la Fiscalía de París, que ha requerido su ingreso en prisión preventiva.

Por el contrario, la custodia de un refugiado sirio, detenido el jueves 28, ha sido suspendida. La fotocopia del pasaporte de este hombre, residente en un centro de acogida en Allier, había sido encontrada en el domicilio del segundo autor del atentado, Adel Kermiche. Sin embargo, «al final, ningún elemento ha demostrado que tuviese implicación en los hechos», asegura una fuente cercana a la investigación.

Una investigación que deberá intentar determinar cómo Kermiche y Petitjean se radicalizaron. «Radicalización»: la palabra que está en boca de todos en Francia, en especial en la de políticos de todas las tendencias. Sin embargo, las respuestas están aún por llegar. El primer centro de «desradicalización» no verá la luz antes del final de 2016 en la región parisina. Y en Normandía, este tipo de centro no abrirá antes de 2017. ¿Dónde? Los servicios del Estado todavía no saben nada.

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Mientras que, en las horas que siguieron al atentado contra el padre Hamel, el arzobispo de Ruán, Dominique Lebrun, sólo tenía una consigna («rezar, rezar, y rezar otra vez»), durante la misa-homenaje al parroco celebrada ayer salió del mero discurso religioso. Después de haber denunciado en sus columnas de la edición dominical del «Paris-Normandie» una sociedad que está llegando «al final del modelo de la laicidad», el arzobispo la tomó durante la homilía de ayer con la sociedad de consumo. Una sociedad muy alejada de los principios de vida del padre Hamel: con 85 años de edad, el sacerdote se contentaba con poco, habiéndole dado todo lo que tenía a los demás y a Dios. «Nuestro mundo es solidario en todos los lugares del planeta. Las injusticias entre los pueblos se vuelven insoportables. Ante la muerte horrible e injusta de un sencillo cura, los mensajes llegan de todo el mundo. Hay esperanza», declaró Lebrun.

Críticas a las autoridades

El arzobispo de Ruán no retomó durante su homilía las declaraciones sobre el lugar de la religión en los colegios públicos franceses (o más bien, su total ausencia). «¿Dónde está la libertad? En nuestros colegios. En los colegios públicos no hay libertad. Donde la hay es donde podemos decir lo que pensamos». Reactivando el debate sobre la enseñanza de la religión o de, más bien, las religiones, en los colegios de Francia, monseñor Lebrun interpelaba a Bernard Cazeneuve, ministro del Interior y ministro de Culto, así como a Najat Vallaud-Belkacem, la joven ministra de Educación descendiente de inmigrantes.

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Presentes hasta el final de la misa, los musulmanes en la iglesia rezaron en silencio durante la comunión. «Amor para todos, odio para nadie», se podía leer en un cartel discretamente colocado en la catedral. Los representantes de la comunidad musulmana volverán mañana a la catedral de Ruán para asistir a las exequias del padre Hamel. El sacerdote será enterrado en el norte de Francia.