Macron: «Mi objetivo será gestionar la rabia de Francia»

El líder centrista confiesa que su objetivo será gestionar la rabia de los ciudadanos y reconciliar al país, y sentencia que los partidos tradicionales ya forman parte del pasado

«Me siento como un extranjero  en el mundo  de la política francesa»
«Me siento como un extranjero en el mundo de la política francesa»

El líder centrista confiesa que su objetivo será gestionar la rabia de los ciudadanos y reconciliar al país, y sentencia que los partidos tradicionales ya forman parte del pasado.

Ha sido un candidato prudente a quien la constancia, la estrategia y la suerte lo han puesto en el lugar oportuno en el momento idóneo. Según todas las encuestas, hoy, Emmanuel Macron se convertirá en el octavo presidente (y el más joven) de la Quinta República. En una entrevista concedida esta semana al diario Francés «Le Figaro», el líder de En Marcha descubre cuáles serán sus primeros pasos si se instala en el Elíseo.

–Hace un año, en Orléans, pronunciaba un discurso en el que se comparaba entre líneas con Juana de Arco, quien «agrietó el sistema». A la vista de los resultados del 23 de abril, ¿cree que usted lo ha conseguido?

–Entonces, sobre todo, quería arrebatar al Frente Nacional una figura de la historia francesa. Quería demostrar que la historia de Francia no debe encerrarse en una visión binaria. Juana de Arco forma parte de una historia republicana. Era el único objetivo de mi discurso. El voto de la primera ronda es de naturaleza diferente. Para mí, se pueden sacar de ese resultado varias lecciones.

–¿Cuáles?

–Que se ha cerrado un capítulo de los dos grandes partidos que marcaban el ritmo de la vida política francesa desde hace 30 años. De alguna manera ha dejado constancia de lo que yo empecé a decir el 6 de abril de 2016, que los dos grandes partidos ya no podían resolver los problemas de nuestro país y que habían construido una forma de ineficacia colectiva. Apenas una cuarta parte de los franceses apuesta bien por Los Republicanos (LR) bien por el Partido Socialista (PS), frente a casi la mitad que prefiere la propuesta que represento yo o la de la señora Le Pen.

–¿Cuál es el nuevo mapa electoral?

–El Frente Nacional, que es un partido demagogo, reaccionario y xenófobo, es el pilar de un nuevo sector antieuropeo, al que parte de la derecha clásica va a arrimarse irremediablemente. Frente a eso, nosotros constituimos la otra gran potencia, la de los progresistas, que abarca desde la socialdemocracia hasta el gaullismo social y que agrupa a diferentes familias políticas alrededor de una verdadera renovación de rostros y funciones. Por último está el sector «contestatario» de una izquierda muy conservadora en torno a Jean-Luc Mélenchon. Nos dirigimos hacia una «tripartición» del país.

–El Partido Socialista y Los Republicanos no parecen, sin embargo, estar de acuerdo con esta visión...

–El jueves, Cambadélis (del PS) decía que si era reelegido diputado, no votaría la habilitación de reforma del Estatuto de los Trabajadores. ¡Muy bien! Pero yo soy más clínico. Cambadélis es el líder de un partido que obtiene el 6 %... Así que su principal preocupación es sobre todo la de saber cuántos diputados tendrá con la etiqueta socialista. En el otro lado, tenemos a Baroin (LR), que es uno de los responsables de un partido que obtiene un 20%... Y él dice de una manera absolutamente inconcebible: «No me importaría ser primer ministro de Macron». Usted me puede decir que quería ser el de Sarkozy, que quiso después ser el de Fillon, que querría ser el mío. Por lo tanto, demuestra una verdadera constancia: la búsqueda de su interés personal (risas). Esta ceguera demuestra que no están en posición de tener una mayoría.

–¿Usted ha sido insultado por votantes del Frente Nacional. ¿Le pide usted a Le Pen que condene estos insultos?

–No le pido nada a Le Pen. Recuerdo que, contrariamente a ella, no siento odio. Respeto a todas las personas. Los insultos manifiestan una vez más la verdadera cara del Frente Nacional. Le Pen ha intentado trivializarlo, pero sigue siendo un partido cuyas raíces aún vivas se han construido en el rechazo de la Quinta República, en el anti-gaullismo, en la invectiva, en la xenofobia... Con prácticas que no son las de los partidos republicanos.

–¿Ha sido la segunda vuelta cara a cara con Le Pen más dura?

–No me lo imaginaba de otra manera porque no pensaba que se constituiría un frente republicano. Soy un extranjero de la vida política. Las personas que, durante meses, han dicho que era una burbuja, no pueden encontrarse en mi candidatura de un día para otro. Lo que ocurrió en 2002 con Jacques Chirac no se repetirá conmigo. Hay que ser absolutamente claro. Si gano, no será con el 80 %, porque no habrá un frente republicano. Pero debo ser consciente de esta situación y mi objetivo es reconciliar a los franceses. Lo que quiere decir que no haré como si nada hubiera pasado, como sí hizo Chirac y que supuso una gran decepción para los que le dieron su apoyo en la segunda vuelta frente a Jean-Marie Le Pen. He estado atento durante toda la campaña, y más aún desde el día 23, a la rabia contra Europa y a la falta de comprensión de la globalización. Voy a tenerlo en cuenta.

–La Organización Islámica de Francia (UOIF) ha pedido el voto para usted. ¿Le resulta embarazoso?

–Como decía Mitterrand: «No clasifico los votos». La verdadera cuestión es: ¿he apoyado alguna vez las posturas del UOIF o de cualquier otro organismo que defienda una forma de comunitarismo? Nunca. Así que seguiré manteniendo una postura que no es sencilla en el estado de nerviosismo en el que se encuentra el país, pero que asumo.

–¿Cuál es su postura sobre la reproducción médica asistida para las parejas de mujeres homosexuales?

–Ha sido consultado el Comité nacional asesor de ética. Este procedimiento me parece que da luz al debate público. Sacará sus conclusiones. Asumiré mis responsabilidades según lo que diga. A título personal, soy favorable a la ampliación de la reproducción médica asistida porque es discriminatoria.

–¿Y sobre la gestación subrogada?

–La gestación subrogada plantea una cuestión con respecto a la dignidad de la persona. Y esta dignidad está en el corazón del ADN de la civilización francesa. Estoy en contra.

–¿Debe ser inscrito en el registro civil francés el nacimiento de un niño nacido en el extranjero de una gestación subrogada?

–Este niño debe estar inscrito en una filiación francesa. No podemos dejarlo en un vacío legal, o crear una forma de apátrida. Su inclusión en nuestro estado civil es un mal menor. Yo no tengo que pronunciarme sobre las modalidades de la procreación fuera de Francia, aunque no estoy de acuerdo con la gestación subrogada. Hay que reconocer a este niño como ciudadano francés. Pero voy a tener cuidado de que esto no abra la puerta al reconocimiento de la gestación subrogada en Francia. Por otra parte, Francia debe lanzar una iniciativa internacional para proteger a las madres y a los niños, y estar a la vanguardia de esta lucha. Tomo nota de que las grandes democracias como Estados Unidos y Reino Unido han aceptado la gestación subrogada, pero también hay países en los que esto se hace sin respetar nuestros valores, en una especie de esclavitud de las mujeres. Es posible llegar a un acuerdo para proteger los derechos de las mujeres y de los niños, en el contexto del derecho internacional privado.

–¿Se arrepiente de haber dicho que «no hay cultura francesa»?

–Uno siempre se arrepiente de suscitar la incomprensión. Reaccionaba a las palabras de François Fillon cuando explicaba que hay «un arte francés». Las críticas me hicieron sufrir un poco, yo que soy hijo de la cultura francesa. Mi intención era decir que nuestra cultura no es un monolito, es múltiple, es un río hecho de sus afluentes. Lleva una lengua sobre la que se ha construido Francia. Pero la herencia de nuestra tradición es la combinación permanente de una división y de una universalidad. Aquellos que me han hecho juicios sobre la cultura francesa tienen una visión estrecha. Sin duda habrían formado parte de aquellos que destruyeron a Baudelaire y a Flaubert en 1857. La cultura francesa la han hecho en gran parte renegados, gente que exponía en los salones de los rechazados, por hijos de esclavos, de gente que iba por callejuelas. Detesto la idea de un arte oficial. De manera subyacente, nos encontramos con el debate sobre la identidad nacional. Francia no es una identidad fija, una ipseidad (mismidad), si me disculpa este término de jerga. Es una voluntad. En este aspecto estaba en desacuerdo con Nicolas Sarkozy y François Fillon, aunque éste cambió de postura sobre la identidad en el transcurso de la campaña.

–¿Se arrepiente también de haber hablado de «crimen contra la humanidad» con respecto a la guerra de Argelia?

–Me arrepiento de haber herido. Me hizo infeliz ver a gente infeliz. Necesitamos poner estos temas sobre la mesa. Pero la campaña presidencial no era el momento adecuado. No se sacan los temas traumáticos en estos momentos. El tema fue caricaturizado, desviado, y creó una competición de memorias heridas. Como siempre voy a tratar de hacer de un error una fuerza. ¿Fuimos hasta el final con el reconocimiento de los harkis? ¿Hasta el fondo de sus intereses? Si resulto elegido, asumiré mis responsabilidades para que se restaure la dignidad de cada uno de los bandos que han vivido esa guerra.

–Con respecto a los impuestos, ¿por qué no reducir el IRFP tras el «shock» fiscal de este quinquenio?

–Seamos ecuánimes: este «shock» fiscal posterior a la crisis se extendió a lo largo de dos mandatos, desde 2011 hasta finales de 2013, es decir, tanto en un mandato de la derecha como en uno de la izquierda. Como Antoine Pinay en su época, tengo principios simples en lo que concierne a los impuestos: para bajarlos, hay que reducir el gasto público. Es una diferencia de fondo con Marine Le Pen, que aumenta masivamente todos los gastos. Desde este punto de vista, está en línea con la izquierda radical. Esconde bien que hará pagar impuestos suplementarios, o bien que va a disparar la deuda, por tanto los impuestos de nuestros hijos. Propongo por mi parte una bajada de impuestos de 10.000 millones sobre los hogares y lo mismo sobre las empresas. La idea es transformar el CICE (deducción fiscal para la competitividad y el empleo) en bajada de cargas. Aumento incluso esta bajada de seis puntos hasta 2,5 veces el salario mínimo interprofesional y de diez puntos para el mismo. El impuesto sobre sociedades se incrementa al 25% para formar un elemento atractivo.

–¿Y para los hogares?

–Eliminaré la mitad del impuesto sobre el patrimonio, es decir, todo lo que no se trate de bienes inmobiliarios, y reconsideraré el impuesto sobre la vivienda ya que es un impuesto que no es progresivo y que es injusto territorialmente, siendo mayor en las pequeñas ciudades y periferias que en las ciudades. El 80% de los franceses no lo pagarán más. El resultado es que mi presupuesto será razonable. Se apoya sobre una hipótesis de crecimiento prudente y un objetivo de 60.000 millones de ahorro por año al final del mandato de cinco años. Es alcanzable. Si tenemos mejoras en términos de crecimiento y ahorro, el excedente se dedicará a partes iguales para reducir el déficit y para la disminución de los impuestos de los hogares. En ese momento, me centraré en el impuesto sobre la renta.

–Casi todos los gobiernos tuvieron conflictos con respecto a los unificación de jubilados del sector público y del privado. ¿Cómo va a gestionarlo usted?

–No podemos resolver todos los problemas de golpe. Tenemos una oportunidad para hacerlo en los cinco años siguientes para que no haya un dese-quilibrio financiero en el sistema. Voy a hacer mi mejor esfuerzo por dirigir las cuestiones de forma sistemática para que no vuelva a suceder. En primer lugar, las personas que hoy en día son jubilados no deben preocuparse; sus pensiones no se verán reducidas. De igual manera, en los próximos cinco años no habrá un incremento de la cotización ni una modificación sobre la edad a la que se jubilan. A cambio, busco crear un nuevo sistema unificado; se tratará de un sistema basado en la repartición en el cual cada euro contribuido dará los mismos derechos a todos. A partir del momento en que la ley sea votada todos los ciudadanos entrarán de forma progresiva en el nuevo sistema por los años de trabajo que les queden por cubrir. Un ciudadano de 45 años conservará todo lo adquirido hasta ese momento pero luego entrará en el nuevo sistema. Esto va a permitir la eliminación de los formatos especializados.

–¿Qué hará usted en caso de que aumenten los impuestos?

–No creo que se dé un incremento señalado de forma inminente. Lo que se necesita para dominar los mercados es la coherencia de nuestro marco macroeconómico, el estímulo a la inversión privada y la política de reforma sobre el plan del mercado de trabajo, de la formación personal y el desempleo. Al mismo tiempo la clave en nuestra política es la reducción del déficit actual. Lo que haré rápidamente es llevar el déficit al nivel más bajo posible, ésa es la prioridad de mandato. Las reducciones de impuestos que presentaré serán secuenciales para permitir la reducción del déficit. Por lo tanto, las decisiones macroeconómicas para el año 2018 son opciones de recuperación. Al inicio del quinquenio tomaré decisiones difíciles a nivel estructural. Los derechos de los trabajadores temporales, la reforma del Unedic, el seguro del desempleo y de la formación profesional y los jubilados. Por último, no excluyo una mejor propuesta económica. Soy muy prudente en ese sentido, pero la estabilidad que busco crear si soy elegido será de una naturaleza para producir efectos económicos positivos.

–¿Hará usted reformas del mercado laboral a base de órdenes ejecutivas?

–Sí, pero únicamente sobre este tema. Después de todos los esfuerzos realizados estos últimos años, después de haber explicado todo durante la campaña creo que no le pillará a nadie por sorpresa. El tema ya está muerto, no deseo enredarme en debates muy largos.

–Si usted no obtiene la mayoría en las legislativas está dispuesto a aliarse con la derecha un día, con la izquierda el otro, para sacar adelante sus propuestas?

–Me haré con la mayoría que me den los franceses. El objetivo que yo busco, entonces, está claro: obtener una mayoría absoluta en las legislativas que es una mayoría presidencial. No habrá una coalición con ninguno de los dos grandes partidos existentes, ni con Los Republicanos ni con el Partido Socialista. Pero en el futuro habrá una refundación de la vida política que terminará por constatar que los socialistas y los republicanos se unirán a mí de manera individual. Ésa es la clave para que no se produzca un desplazamiento de la mayoría.

–¿Si esos socialistas y conservadores que dice que se unirán a usted no lo hacen ahora, les cerrará la puerta más adelante?

–Yo investiré a 577 candidatos para una mayoría presidencial. Aquellos que no se unan a mí deberán enfrentarse a esos candidatos. Pero deseo que se unan por coherencia y por sostener nuestro proyecto, no por salvar su puesto. Los republicanos y los socialistas que no crean en el proyecto no vendrán.

–¿Cuál será el nombre de esa mayoría presidencial a la que hace referencia?

–Definiremos el término preciso, pero no se llamará obligatoriamente exclusivamente En Marcha.

–¿Qué hará usted si a pesar de todo no obtiene la mayoría necesaria en las elecciones legislativas?

–Las cuestiones se debaten llegado su momento. Hasta ahora he hecho todo lo posible para conseguir el número de apoyos posibles para la segunda vuelta de las presidenciales que hoy llega a su fin. Luego se intentará obtener una mayoría fuerte en la Asamblea Nacional que nos permitirá realizar las reformas. Mi responsabilidad es la de construir esa mayoría a la imagen de la recomposición política profunda que se viene gestando tras el 23 de abril.