Mao y la fábrica del mundo

El próximo 1 de octubre se cumplen 70 años de la proclamación de la República Popular de China. El largo camino hasta ser la segunda potencia económica mundial está marcado por una revolución comunista implacable.

El próximo 1 de octubre se cumplen 70 años de la proclamación de la República Popular de China. El largo camino hasta ser la segunda potencia económica mundial está marcado por una revolución comunista implacable.

La evolución de China hasta convertirse en la segunda potencia del planeta está a la altura de su gigantesca historia durante el siglo XX. En 1949, cuando se funda la República Popular y se inicia de la mano del Gran Timonel, Mato Tse-tung, la implantación del comunismo, China era una sociedad agrícola con un tasa del alfabetización que sólo llegaba al 20%. Ahora es el país con mayor crecimiento económico, con un 6,7% anual. Siempre dado a los grandes lemas, China se define por ser un país con dos regímenes: capitalismo y comunismo sin libertades democráticas a la vez. Es difícil entender la evolución de un país que con el triunfo de la revolución decretó la persecución de los perros por ser improductivos. David Kidd, en su maravillo «Historias de Pekín» cuenta que esa purga canina tenía más que ver con el hecho de que ese animal era fiel a las personas y no las ideas, lo que suponía la «última defensa del ciudadano contra el entrometimiento creciente de la policía, la comunidad y el Estado».

La historia moderna de China ha sido un permanente conflicto con su pasado, contra cualquier forma de liberalización y la conquista de su soberanía, desde las dos guerras del Opio en el siglo XIX (1840 y 1852); la que mantuvo con Japón (1894-1895) y que dio a este país estatus de fuerza colonial; o la Rebelión de los Bóxers (1899) contra la influencia extranjera, la modernización y la tecnología. La guerra civil entre el Partido Comunista y los nacionalista de Chang Kai-chek, conflicto que duró 22 años, y concluyó con la entronización de Mao; la Larga Marcha, la gran epopeya del Ejército Rojo; una nueva guerra con Japón que dejó más de 21 millones de muertos; el Gran Salto adelante que, a partir de 1952, decretó un plan de industrialización y colectivización agrícola provocó una hambruna y 45 millones muertos. La Revolución Cultural fascinó a muchos intelectuales europeos (a Sartre el primero), iniciada con la campaña de las Cien Flores, que permitió las críticas durante un año (1956) y acabó con una purga generalizada contra cualquier vestigio burgués –incluido Confucio– , detenciones, muertes y vejaciones públicas.