María y sus patatas, la pesadilla española de Le Pen

Hija de inmigrantes, regenta un pequeño restaurante en la ciudad que se ha convertido en la imagen de la resistencia a la ultraderecha

«Le dije a Le Pen a la cara: señora, mis patatas son el mejor plato de la resistencia»
«Le dije a Le Pen a la cara: señora, mis patatas son el mejor plato de la resistencia»

En pleno corazón de Hénin-Beaumont llama la atención un restaurante de comida rápida, "Chez González"con un gran rótulo azul prometiendo patatas fritas y hamburguesas a precios razonables. Lo regenta María, hija de españoles migrantes -madre de Teruel y padre de Santander-, que llegaron al norte de Francia en los últimos años de la dictadura franquista. En una de las paredes del establecimiento puede verse un póster en favor de acoger a refugiados y sobre la barra, donde María y su esposo sirven sus platos combinados en tiempo récord, un puñado de octavillas de una manifestación contra el partido de Le Pen. "Antes nadie confesaba votar al Frente Nacional, pero el gran cambio es que se han liberado, ya lo dicen abiertamente"cuenta a LA RAZÓN.

"Hay mucha desesperación entre los jóvenes, a los que no se les ofrece ningún tipo de oportunidad aquí". En su relato, esta enérgica mujer que desprende seguridad en cada afirmación borrando una primera apariencia tímida, otorga una importancia fundamental a la evolución de la juventud en los últimos lustros en la ciudad. "En los años 70 y 80, un joven de aquí viajaba a la vecina Lille ( a 30 kilómetros) de forma habitual y allí entraba en contacto con estudiantes y con un ambiente más cosmopolita. Desde entonces las infraestructuras, especialmente los transportes no se han renovado nada porque a los gobiernos nacionales está región les daba igual. Con el paso del tiempo, nos hemos ido aislando. Ahora ir a Lille parece un mundo para un joven de aquí"

María, como muchos de sus vecinos, conoce bien a Marine Le Pen desde hace años, y ambas han tenido desencuentros personales. En una de sus múltiples visitas al mercadillo ambulante de la ciudad, la líder ultraderechista desaconsejaba a los vecinos ir a comer a Chez González porque "sus patatas fritas son muy malas". Una publicidad de la que María saca pecho "viniendo de quien viene"y por la que llegó a responder cara a cara a la propia Le Pen: "le dije, sabe señora, mis patatas son el mejor plato de resistencia". Desde aquel episodio, la cara de María ha aparecido en muchos periódicos nacionales en Francia y el propio Libération le dedicaba un perfil en 2012 titulado "Patatas fritas, plato de la resistencia". María y su madre han coincidido en más de una ocasión con la líder de la ultraderecha en el colegio electoral para votar. "Mi madre no puede ni verla y me pide que vayamos a cierta hora para no cruzarnos con ella". Este domingo puede ser aún peor porque la líder ultraderechista ha decido alejarse de París, donde están sus rivales, para seguir los resultados de la primera vuelta rodeada de los suyos en su feudo del norte, con un gran evento organizado en Hénin-Beaumont.

Cuenta sonriendo que los que ahora están en el ayuntamiento con corbata antes la insultaban por la calle metiéndose con su físico. "Me llamaban fea directamente. Ahora cuidan más las formas porque se juegan su imagen en todo el país". Sin embargo, afirma, "se ve quiénes son porque no soportan la crítica, no la admiten. Se pelean con todos los que les llevan la contraria en los medios de comunicación locales". Como hija de inmigrantes, María afirma que ha existido un miedo del inmigrante que llegó primero, especialmente polacos, a los que lo hicieron después. "Más allá de las diferencias religiosas entre polacos y tunecinos, que no ha sido un factor conflictivo nunca aquí, lo que sí ha existido es miedo a que otro me quite el trabajo cuando yo ya llevo tiempo instalado y me he adaptado aquí". Sobre las inquietudes que puede tener la comunidad musulmana local a partir de la llegada del FN, ella afirma que se trata de una cuestión generacional y que sobre todo "ve preocupoada a esa primera generación de musulmanes que llegaron y que ahora ven sólo incertidumbre en el futuro de sus hijos"

El auge del Frente Nacional y la ausencia de una oposición organizada para hacer frente a la ultraderecha provocó que María asumiese un mayor compromiso político de izquierdas para combatirlo. Con voz firme y tras la barra de su restaurante, denuncia algunas de las situaciones menos conocidas -y quizás más sorprendentes- que se producen en la política local: "Con el atentado de Charlie Hebdo, el imán de la ciudad prefirió ir a la convocatoria del alcalde y sus amigos fachas que a la que hicimos la oposición y todos los demás. Eso se entiende porque el alcalde había dado la autorización para ampliar la mezquita y para una escuela coránica". Es la cara menos conocida de la ultraderecha, la de los entresijos del poder local, una vez que lo ha conquistado. El alcalde del municipio se ha distanciado de la línea xenófoba de otros alcaldes y dirigentes frontistas y acudió el mismo con una delegación dos días después de los atentados del semanario satírico Charlie Hebdo a la mezquita local de Ennasr para tranquilizar a sus administradores e invitar a una gran concentración en el ayuntamiento. "Tienen una estrategia distinta pero en el fondo son tan fachas como antes".

"Aquí no entra ni uno del Frente Nacional"dice con cierto orgullo María que desprende un coraje que se palpa desde el primer minuto de conversación con ella. "¿Miedo? No, nunca. Mi madre se fue de España andando, cruzando los Pirineos a pie para huir del franquismo. Por mucho que yo pueda ser valiente, nunca lo seré tanto como ella".