Obama limita los tentáculos del espionaje

El presidente de EE UU prohíbe los pinchazos a los líderes internacionales y el acopio de datos masivo de la NSA

El presidente Barack Obama a su llegada al departamento de Justicia de EE UU, ayer, en Washington, para dar su discurso
El presidente Barack Obama a su llegada al departamento de Justicia de EE UU, ayer, en Washington, para dar su discurso

El presidente estadounidense, Barack Obama, anunció hoy que, como parte de las reformas de las prácticas de espionaje que lleva a cabo la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), no se espiará a gobernantes de países aliados.

El presidente Barack Obama escogió el Departamento de Justicia para presentar los límites de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y su recolección de información en las llamadas de teléfono. Como es su costumbre cuando se tiene que pronunciar sobre temas controvertidos, el presidente intentó buscar un equilibrio entre sus ideas liberales y los compromisos con la seguridad nacional del país, a los que le obligan su condición de comandante en jefe. También en estos casos, ya se ha convertido en habitual que haya defraudado a ambos. A los liberales, por contravenir sus principios fundamentales y a los conservadores, por no aplicar la mano dura en este asunto. Aun así, su discurso no es más que un mero intento de cambiar los ánimos desatados tras las revelaciones del ex contratista Edward Snowden sobre las prácticas de espionaje de las agencias estadounidenses. El presidente demócrata no introdujo con sus palabras ningún cambio sustancial en las prácticas futuras de las citadas agencias. Obama, que empezó su discurso con una mención a la lucha de los primeros «patriotas estadounidenses» contra los británicos en Boston, Massachussets, pidió el término del control del Gobierno de los registros telefónicos de cientos de millones de estadounidenses. En cambio, con sus nuevas reglas, las agencias de Inteligencia podrán acceder a estos registros siempre y cuando obtengan un permiso secreto judicial. De esta forma, el presidente no dudó en defender el sistema de espionaje estadounidense mientras reconoció que dicha comunidad no es «el caballero de las libertades civiles de los ciudadanos». Obama sí manifestó que hay que dejar de espiar a los líderes de los países aliados, al tiempo que solicitó la extensión de la protección a los ciudadanos extranjeros cuyas comunicaciones sean seguidas por EE UU. «Las reformas que propongo hoy deberán dar a los estadounidenses mayor confianza de que se protegen sus derechos, incluso cuando nuestras agencias mantienen las herramientas necesarias para que estemos a salvo», justificó el presidente Obama.

«Este debate nos hará más fuertes. En esta época de cambio, EE UU tendrá que ponerse al frente. El error del 11 de septiembre ha traído todos estos asuntos. Pero en todo el espectro político los estadounidenses han reconocido que nos tenemos que adaptar a un mundo en el que una bomba se puede construir en un sótano. También, en el que nuestro sistema eléctrico se puede cortar por personas que están al otro lado del mundo. Nos quedamos consternados cuando supimos que no vimos las señales que llevaron a los ataques del 11-S. Así, pedimos a nuestra comunidad de Inteligencia que mejorara sus capacidades», recordó el presidente del día que cambiaron las reglas del juego del tablero de la comunidad internacional. Todavía así su discurso se quedó corto en aclarar las partes del espionaje de EE UU, el cual, ha creado un debate sobre las libertades civiles y la seguridad nacional. Sin embargo, el citado sistema es legal, aprobado en diferentes normativas por el Congreso de EE UU antes del ataque de las Torres Gemelas en 2001 y ampliado después de estos atentados. Obama ha dejado claro que quiere limitar la capacidad de las agencias para guardar los registros telefónicos. Pero no ofreció ninguna recomendación sobre en qué lugar se debe almacenar esta serie de datos. De esta forma, ha dado dos meses a la comunidad de la inteligencia y al fiscal general de EE UU para que evalúen todas las opciones que incluyan las propuestas realizadas hace semanas por un comité. Del documento elaborado entonces, también se desconoce qué apartados se convertirán en Ley y cuáles se desestimarán. Antes del discurso, hubo cierta confusión sobre qué función va a tener el Congreso en autorizar todos estos cambios. Desde la Casa Blanca se prefiere que los haga el presidente a través de decretos; desde el Capitolio se defiende que deben de ser votados en las dos cámaras.

Inmediatamente después del discurso, el fundador de Wikileaks, Julian Assange, indicó que el presidente norteamericano «me avergüenza». Assange, de origen australiano, fue el responsable de la primera gran filtración de documentos del Departamento de Estado y del Pentágono en la historia de EE UU y criticó a Obama en una entrevista a la CNN desde la Embajada de Ecuador en Londres. «Aunque los soplones nacionales hayan generado este debate, el presidente se ha visto obligado a pronunciar este discurso debido a las circunstancias. Está claro que Obama nunca hubiese hablado si no hubiese sido por Snowden», remarcó.