PD, la última bandera de una izquierda que ya no existe

Renzi podría cosechar los peores resultados de la historia del PD y Gentiloni podría convertirse en la última esperanza
Renzi podría cosechar los peores resultados de la historia del PD y Gentiloni podría convertirse en la última esperanza

A tres días de las elecciones italianas quedan aún muchas incógnitas por resolver: quién ganará (si es que alguno consigue la mayoría necesaria), cuáles serán las coaliciones, cuántos italianos acudirán a las urnas... Sin embargo, hay una cosa que parece que sí se sabe con certeza, la izquierda de Italia será el claro perdedor de estos inciertos comicios. El Partido Democrático (PD) hace tiempo que no goza de buena salud. La formación nació en 2007, la primera de izquierdas en el territorio italiano, y la encargada de aglutinar las voces que habían quedado a la deriva tras la desaparición del Partido Comunista en 1991. El invento comenzó a contar con el beneplácito de los italianos hasta llegar a 2014, cuando la formación liderada por un ambicioso ex alcalde de Florencia alcanzó el 40% de los votos en las elecciones europeas. Una felicidad, sin embargo, que el propio Renzi vio desvanecerse por su obstinación en un referéndum constitucional fallido en diciembre de 2017. Lo que no sabía entonces era que la situación podía ir a peor.

Hoy las divisiones internas en la izquierda parecen irreconciliables, la vieja guardia del Partido Democrático no está dispuesta a seguir a un Matteo Renzi que no se deja enderezar por nadie. Así pues, la situación del partido tras la gestión del ex primer ministro ha derivado en la aparición de pequeñas formaciones de izquierdas que luchan desunidas contra la derecha y los populismos. El partido Libres e Iguales (LeU), dirigido por el exmagistrado antimafia Pietro Grasso, y apoyado por el ex «premier» y ex ministro de Asuntos Exteriores Massimo D’Alema, apareció en el terreno político hace pocos meses dando una bofetada al liderazgo de Renzi y abanderando la idea de refundar el partido referente de la izquierda. «Hemos cogido una bandera que estaba por los suelos, pisoteada. Ahora nos toca dar una nueva casa a quien no se siente representado», explicaba D’Alema refiriéndose a todos aquellos que se habían sentido vilipendiados por el ex alcalde de Florencia.

El partido, encabezado por la incombustible Emma Bonino, se puede convertir en otro dolor de cabeza para Renzi de conseguir llegar al 4% en las elecciones y tener representación en el Congreso de los Diputados, ya que sería otro claro ejemplo del fracaso de su gestión. «Nos presentamos en coalición con el PD porque estamos de acuerdo con la visión europeísta que tiene. No hay nada más que nos una», explicaba la propia Bonino hace unas semanas.

La falta de liderazgo de Renzi y la posibilidad de que ningún partido consiga la mayoría necesaria para formar Gobierno, ha propiciado que hasta él mismo cuente con un plan B para su formación, Paolo Gentiloni. Actual primer ministro en funciones, bien considerado en Europa, con años de experiencia en el partido y el político mejor valorado de todo el plantel electoral (47%). Pero no sólo eso, durante las últimas semanas, cuando los sondeos perfilaban ya a la formación de izquierdas como la tercera fuerza y el nombre de Gentiloni resonaba cada vez con más intensidad, Romano Prodi, Walter Veltroni, Giorgio Napolitano y Enrico Letta salían a la palestra a apoyarlo como figura de consenso y conciliación. No es de extrañar entonces que todos los ojos apunten a él como la nueva llave de un gobierno de coalición. Así lo explica a LA RAZÓN el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Privada Luiss de Roma, Raffaele Marcehetti: «Renzi es un ganador solitario y su actitud es demasiado agresiva para una gran coalición. La figura de Gentiloni reúne las cualidades que necesita una posible coalición entre la derecha y la izquierda. Un claro indicativo de que puede ser un buen candidato es el apoyo público que ha tenido de todos los líderes de izquierdas». La realidad con la que se topa el PD ante estas elecciones no es sólo importante para el país de la bota. La socialdemocracia ha sido el proyecto más importante del último medio siglo en Europa y su papel ha sido decisivo en la construcción de la Unión Europea. Sin embargo, en los últimos años la globalización y la adaptación de políticas de austeridad que nada tenían que ver con su ideología tradicional han hecho que la izquierda sufra una evidente erosión que la ha llevado a una clara falta de credibilidad. El PD puede cosechar los peores resultados de su historia, como el SPD en Alemania, o convertirse en la última izquierda fuerte de Europa. Sin embargo, el escaso apoyo electoral que vaticinan los sondeos y el excesivo personalismo de Renzi pueden acabar con unos resultados mediocres que en el mejor de los casos propiciarían una gran coalición con Forza Italia. El otro escenario es que el PD pierda el poder y se quede lamiéndose las heridas en la oposición.